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LA LUCHA CONTRA LOS GIGANTES. DE CERVANTES A ORTEGA (III)

Por Julián Plana

Individuo y masa

La racionalidad individual es humilde, independiente; juiciosa (juiciosa, que juzga sobre pruebas) más que “opinante”, puesto que la opinión no es más que “la parte más accesible de la actitud”, según Allport, etc.;

Enérgica, sí, claro, pero cuando el discernimiento es suficiente

Escribe Ortega: “Delante de una sola persona podemos saber si es masa o no. Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo, en bien o en mal, por razones especiales, sino que se siente “como todo el mundo”, y, sin embargo, no se angustia, se siente a salvo al saberse idéntico a los demás”.

El hombre masa se reconoce, explica, por la “libre expansión de sus deseos vitales y una radical ingratitud hacia cuanto ha hecho posible la facilidad de su existencia. Es decir, sólo le preocupa su bienestar y al mismo tiempo es insolidario con las causas de ese bienestar”.  Lo suyo es aglomerarse, las aglomeraciones, recalca.

No se ve “salvando la circunstancia” Es, dice Ortega, un niño mimado, que cree tener derecho a todo sin él hacer nada y que pasaría esta misión a sus líderes, a sus gigantes.

Seres excepcionales; admirablemente gigantescos (y novedosos, disruptores, así como en los tiempos de Cervantes eran novedosos los molinos de viento, una técnica nueva, siendo los tradicionales de agua). Esto es decisivo para el hombre-masa, que se sabe insignificante; es decir, sin capacidad de dar significado a nada. Y descontento, porque ha desesperado de su propia capacidad de salvación.

Gigantes, enormizados por lo que Cervantes llama “hinchar el perro”; con el culto a la personalidad.

La actitud de Don Quijote ante los gigantes

Don Quijote, que no es tonto, teme a los gigantes; sabe que su batalla contra ellos será desigual.

En ocasiones, no puede evitar respetarlos, admirarlos, siquiera sea provisionalmente.  Así, “decía mucho bien del gigante Morgante, porque con ser de aquella generación gigantesca, que todos son soberbios y descomedidos, él solo era afable y bien criado”.

Alonso, ya convertido en brillante jugador de rol a partir de sus lecturas de caballerías, se ve a sí mismo, una de dos:

Acabando con ellos como “el caballero de la ardiente espada, que de sólo un revés había partido por medio dos fieros y descomunales gigantes, o Félixmarte de Hircania, que de un revés solo partió cinco gigantes por la cintura, como si fueran hechos de habas, como los frailecicos que hacen los niños”.

La lucha contra los gigantes es, para él, “buena guerra”, la guerra justa; así resuelve sencillamente el grave problema que preocupaba a los escolásticos.

Leamos:

“En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como Don Quijote los vio, dijo a su escudero: la ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla, y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer: que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra”.

 

Bajorrelieve frontal (Autor: José -Pepe- Noja) del monumento a Cervantes en Alcalá de Henares.

Bajorrelieve frontal (Autor: José -Pepe- Noja) del monumento a Cervantes en Alcalá de Henares.

Ya saben ustedes cómo acabó la identificación de los aun inusitados molinos de viento en gigantes. Y, en otra ocasión, la de los odres de vino. En esta segunda vez ya había influido Don Quijote tanto en su escudero que Sancho Panza estaba seguro de haber visto rodar, con sus propios ojos, la cabeza del gigante que tiranizaba el otrora pacífico reino de Micomicón.

¿Hay fin?, ¿hay salida?

Sólo algunos de los gigantes que previó, vivió y sufrió Ortega cayeron en 1945, tras una guerra atroz.

(Es lo que temía el sabio arconte Solón, cuando en plena crisis ateniense le fue ofrecida la tiranía —es decir, que gobernara él solo, suspendiendo a los otros arcontes, discrepantes de sus ideas—. Y Solón dijo algo así: no; la tiranía, en ocasiones críticas, puede parecer una buena cosa; pero no tiene salida).

Están en nuestra circunstancia

Algunos gigantes nos rodean como los muertos vivientes familiares de las películas de serie B y las series de televisión.

Reconocerán algunos:

La corrupción política, como evidente crimen organizado.

Las llamadas mafias, desde la trata de seres humanos al narcotráfico.

El gran capital y las multinacionales, como repetía Marcelino Camacho. Con distinciones y matizaciones que también él hacía. Desgajados muchos grandes capitales del emprenderismo.

Los privilegios. Por ejemplo, incluso en la mayoría de países la Ley Hipotecaria es un privilegio, una privilex y, por otra parte, un contrato de adhesión, contra los que se ha manifestado tanto nuestro Tribunal Supremo… Cuando un divorciado deja de pagar los “alimentos” a sus hijos se embarga un tercio de sus ingresos, no su vivienda. ¡Y son los alimentos de los hijos!

El juego, como signo de democracia y prosperidad. Las máquinas tragaperras por doquier, y los bingos monumentales. Y ahora, tenemos las gigantescas “casas” internacionales de apuestas anunciadas en las camisetas de algunos de los principales equipos deportivos…

El botellón juvenil (“botellón”, botella gigante).

……..

El Terrorismo, en todas sus formas y escalas.

………

 

Los populismos actuales, fruto espurio de la indignación no remediada, como entonces y siempre.

……..

En fín, tantos, que debiéramos aspirar a acabar con ellos como Félixmarte de Hircania, de cinco en cinco. O al menos de dos en dos, como el caballero de la ardiente espada.

Tres últimas notas:

  1. Don Miguel de Cervantes Saavedra es un librepensador. Escribe, aunque en un prólogo que podía ser prescindible, seguramente para no perjudicar la publicación de El Quijote, “Y sabes lo que comúnmente se dice, que debajo de mi manto al rey mato”. (“Debajo de mi manto”, en mi interior, “al rey mato”) ¿Se decía? ¿Comúnmente?
  2.  Don José Ortega y Gasset, en su mismo primer libro, en las Meditaciones del Quijote, nos incita a “llevar las cosas a la plenitud de su significado”.

Así, ahora, antes de que sea tarde, la Democracia.

La Justicia.

Y la Libertad.

Único bien éste superior a la Verdad y la Justicia ya que, sin ella, ¿qué verdad, qué justicia pueden prevalecer? ¡Las que dicten los gigantes!

  1.  Don Quijote de la Mancha confía a su escudero: “la libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra y el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida” …

Compartamos esta aventura de la vida.

Y hagamos nuestro el viejo lema de los republicanos romanos: non ducor, duco me. No soy conducido, yo me conduzco.

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