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MARTÍNEZ GUERRICABEITIA, MECENAS Y FILÁNTROPO

Foto Guerricabeitia
Imagen de la portada del libro sobre Martínez Guerricabeitia
editado por la Universidad de Valencia

Por F. Javier Pérez, periodista y secretario adjunto de la Asociación de Cine e Imagen Científica (ASECIC)

El 7 de septiembre de 2015 falleció en Valencia el empresario, coleccionista de arte  y filántropo Jesús Amor Martínez Guerricabeitia. Había nacido en 1922 en Villar del Arzobispo, municipio valenciano de la comarca de la Serranía, pero su infancia y mocedad transcurrieron en Requena. Al conocer su muerte hice llegar un texto de condolencia a su familia  en nombre de mis hermanos y mis primos Pérez Boada, así como a los gestores de la fundación que lleva su nombre y que está vinculada a la Universidad de Valencia. 

En una breve nota manifesté  el afecto sincero y fraternal que tanto mi difunto padre, Francisco Pérez Masiá, como su único hermano, Andrés, también fallecido,  tenían  por el finado. Me respondió, casi a vuelta de correo y con sentida  cortesía,  el hijo de Jesús Amor,  mostrando su gratitud y recordando  la amistad y el cariño que su padre también profesaba  por los hermanos Pérez Masiá.

Un anarquista ilustrado

Jesús Amor Martínez Guerricabeitia era hijo de José Martínez García, un anarco-sindicalista autodidacta  y muy inquieto culturalmente, que fue dirigente  del Frente Popular en Requena durante la Guerra Civil. De su padre heredó Jesús Amor la pasión por la cultura, el rechazo a toda forma de opresión y un nombre, Amor, que era toda una declaración de intenciones.  “Amor revela los ideales de luminosa fraternidad universal que alimentaba el ideario de un minero anarcosindicalista como era su padre”, se indica en una biografía del mecenas editada por la UV. 

Un año y medio mayor que su hermano Jesús Amor  era Pepe, el célebre  Pepe Martínez Guerricabeitia, quien en el exilio francés fundó la histórica editorial Ruedo Ibérico, en cuyo lanzamiento colaboró de forma discreta y clandestina Jesús Amor con recursos que aportaba desde Valencia. Ruedo Ibérico editó decenas de libros de autores y temáticas críticas con el franquismo. Además,  editó una revista, “Cuadernos de Ruedo Ibérico”,  que fue una plataforma de debate y reflexión de alto nivel.   

Recordaba mi padre con emoción y añoranza su amistad de adolescencia con Jesús Amor en los años de la República y la Guerra Civil. Ambos tenían la misma edad y eran alumnos del mismo curso del Instituto de Bachillerato de Requena. El padre, significado líder anarquista,  explotaba unas minas de caolín en el paraje requenense de La Serratilla y la familia vivía en una modesta vivienda en la calle del Carmen, frente al antiguo convento carmelitano sede del Instituto. Atesoraba José Martínez García, llamado “El Terrer”, una magnífica biblioteca que proveía de lectura a los hijos y a sus amigos. Era un hombre, como él mismo se retrató en declaración judicial, “que pensaba alto y sentía hondo”. 

Entre los recuerdos de mi padre están también la pandilla que integraban él y su hermano Andrés junto a Jesús Amor, Emilio Iranzo y Pepe Laguna. A todos los convocó Jesús Amor, ya en la ancianidad, para añorar sus vivencias de mocedad y los avatares sufridos. Yo fui testigo del entrañable encuentro. 

Guerra, cárcel, exilio

Cuando estalló la Guerra Civil José Martínez “El Terrer”,  dirigente frentepopulista en Requena como hemos dicho, gobernó la colectivización de fincas expropiadas. Su determinación y arrojo evitó que “pasearan” a significados paisanos de derechas, incluidos varios profesores del Instituto. Lo hizo en una ocasión, mi padre  lo contaba, con la pistola amartillada en la entrada del centro y retando a quién tuviese arrestos a llevarse a los elegidos para el paredón. 

Esta conducta no evitó que tanto El Terrer como sus hijos, todavía menores de edad, purgasen cárcel tras la victoria franquista, pero permitió salvar la vida al líder anarcosindicalista. Varias “personas de orden”  prestaron testimonio y declararon que gracias a él sobrevivieron a las ejecuciones sumarias, entre ellos el profesor D. Luis María Rubio (el buenazo de Rubio, decía mi padre cuando lo mentaba),  el director de la oficina del Banco Español de Crédito, Luis Ruiz,  los eclesiásticos Vicente García Parra y Felipe Guijarro León y el administrador de Correos, Alfonso Calvo, abuelo materno de mis buenos amigos los Carratalá Calvo.  

En 1936 los dos hermanos Martínez Guerricabeitia son afiliados a las Juventudes Libertarias de Requena y activistas en campañas de propaganda y rudimentarias publicaciones locales. Pepe marchó voluntario al frente con 16 años cumplidos y el padre, en 1938, es movilizado y debe abandonar sus desempeños en el Comité del Frente Popular en Requena. 

El 30 de marzo de 1939 las tropas del general Varela toman Requena. En cuestión de semanas los tribunales militares dictan severas condenas y decenas de personas significadas como izquierdistas son fusiladas. La familia Martínez Guerricabeitia, que se ha reagrupado, corre serio peligro.  

Ese año,  el 11 de noviembre, Amor es detenido e ingresado en la cárcel Modelo de Valencia. Los dos “Pepes”, padre e hijo, han huido a Valencia caminando por la vía del tren. Capturados, el primero es condenado a treinta años de prisión y su hijo, con 17 años, imputado por el Tribunal de Menores y encarcelado. Tiempo después, aprovechando un permiso carcelario, decidió exiliarse y tras cruzar los Pirineos por trochas y veredas recaló en París donde fundó El Ruedo Ibérico. 

Jesús Amor permaneció prisionero durante un tiempo y de esa época se conservan, al menos, dos cartas a mi tío Andrés Pérez Masiá, escritos llenos de sentimiento y profunda amistad en los que  le llama “querido hermano”  y declara que lo peor de la cárcel es la falta de lecturas. En otra misiva manifiesta que en treinta días a leído 27  novelas, “aunque por  desgracia ninguna de ellas buena”.  La Cárcel Modelo de Valencia, prevista para 500 reclusos acogía a varios miles, lo que da idea de las condiciones del cautiverio. 

Ida y vuelta de las Américas. Coleccionista de arte

En 1941 Jesús Amor Martínez Guerricabeitia  recibió la libertad condicional tras pasar dos años y medio en presidio. Joven  emprendedor y con determinación para sortear las penalidades acometió un pequeño negocio de curtidos, contrajo matrimonio y con una criatura de pequeña edad decidió buscar mejores horizontes en las Américas. La familia se instaló en Colombia donde su esforzado empeño y competencia le permitieron   ganarse la vida holgadamente en negocios y actividades  comerciales que le llevaron por EE.UU y varios países iberoamericanos. 

Regresó a España en 1970 con un patrimonio nada desdeñable y su ideario progresista y humanístico fortalecido. Con el concurso de su esposa, Carmen García Merchante,  inició  la adquisición de una selecta e importante colección de arte contemporáneo al tiempo que, imbuido seguramente de recuerdos de su mocedad, va atesorando una magnífica biblioteca. Hay que destacar que muchas de las obras pictóricas que adquiere el matrimonio corresponden a jóvenes artistas noveles a quienes se ayuda, a modo de mecenazgo, al comprar sus obras y ponerlas en valor. 

Se apuesta también, Guerricabeitia no lo oculta, por creadores comprometidos, por trabajos que transmiten un pensamiento y un sentimiento que se corresponden con el ideario del matrimonio. Declara el filántropo en una ocasión: “no hemos comprado las piezas por los nombres, sino que se han comprado las imágenes, los contenidos, las ideas políticas que en nuestro caso están posicionadas a la izquierda…”. Martínez Guerricabeitia fue un hombre coherente y consecuente con su trayectoria, sus antecedentes y sus ideas. 

La colección es espléndida y enunciar a todos los artistas que la integran rebasaría con mucho los límites de este artículo. Citemos, brevemente, que hay obras del Equipo Crónica,  Mompo,  Canogar, Sempere, Alberti, Don Eddy, Lichtenstein, Pérez Villalta, Arroyo, Darío Villalba,  Grupo El Paso, Barjola y un largo etcétera. Una colección que se va formando con criterio, con intencionalidad, con un sentido claro de qué se quiere y qué representa cada trabajo. No son pulsiones caprichosas de nuevos ricos. Una colección de arte, como escribió su hijo José Pedro, “hecha con esfuerzo, interés y extremo afecto”. 

A finales de los años ochenta Martínez Guerricabeitia y su esposa acordaron donar su colección a la Universidad de Valencia, otorgándole la condición de depositaria y custodia de sus fondos.  Previamente, y en ámbito de la Fundación General de la Universidad, crearon el Patronato Martínez Guerricabeitia (PMG), destinado a fomentar y difundir la creatividad en campo de las artes plásticas contemporáneas. Este patronato organiza desde 1990 la Bienal Martínez Guerricabeitia, una muestra de la que un comité de expertos selecciona varias obras que se adquieren y pasan a incrementar la colección. 

Los hechos hablan por sí solos de la solvencia moral y la dignidad de este español ilustre. Quienes deseen conocer con más detalle y profundidad la vida y obra del personaje que nos ocupa pueden consultar la obra   “Jesús Martínez Guerricabeitia: coleccionista y mecenas”, editada por la Universidad de Valencia.  

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