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SED DE DIOS

Autor: Gabriel Elorriaga Fernández

Ediciones: Península. Barcelona

Texto: Juan José Bellod

Un libro de autor que nace de una honda reflexión personal, viene de un político de larga trayectoria y ha escrito hasta una docena de libros que acompañan de pensamiento su trayectoria. Pero con Sed de Dios Elorriaga recupera una condición de escritor liberado de compromisos del quehacer inmediato. Creo que este, con su primer libro La vocación política, ya en su séptima edición, en el que examina qué sea el quehacer político, son dos obras mayores de un escritor maduro de pensamiento y de gran calidad literaria. Ahora nos da un texto personal e importante sobre una dimensión, la religiosa, inherente al ser humano.

Esa libertad y ese compromiso de autor con su propio pensamiento y de verdad para con los lectores hacen que en “Sed de Dios” el escritor concilie la hondura con la claridad y el uso de imágenes sugestivas. El lenguaje es cuidado, tiene el sabor de la buena literatura, que hace llegar claras las ideas y no se enreda en palabras innecesarias.

Lo más importante del escrito de Elorriaga se encuentra en su parte primera sobre la cuestión espiritual y su parte quinta y final en la que habla del futuro. Nervios o arterias de su discurso pasan por la presencia de Dios en la naturaleza humana, lo sagrado como dimensión del hombre que no puede reducirse a la vida privada, creación contra la fe en ese materialismo que arranca del azar y de la nada, la densidad del cristianismo en la civilización europea y su especificidad en la confrontación de creencias en el siglo XXI.

Para acercar al lector la Sed de Dios elijo algunos párrafos que pueden dar idea de su gran interés y de un pensamiento que discurre sobre temas de transcendencia cultural y humana.

Dimensión sagrada del ser que se pregunta

Para el autor “el ser humano, desde que existe como diferente a todas las formas de vida que le rodean… se caracteriza por su capacidad para hacerse cuestión -y cuestión clave -de lo que pudo existir antes de que él existiese y de lo que puede existir más allá de su vida sobre la tierra” (p 13).

“Pretender que es democrático desconocer las inquietudes trascendentes de la humanidad y reducirlas a un rincón íntimo y marginal… es, además de equivocado, inútil. El ser humano siente como definitorio de su esencia, única entre las distintas manifestaciones vitales que le rodean, la sed de Dios, intenta asociarla con distintas teorías y creencias” (p 13 y 14). En apoyo de esa evidencia cita a Sarkozy: “La realidad contradice constantementela opinión según la cual el Estado puede ser totalmente indiferente al hecho religioso” (p 15). Recuerda que la Constitución de 1978 está lejos de un laicismo agresivo y establece una aconfesionalidad en cooperación con la Iglesia, fórmula que permite “asumir las consecuencias de una idea de Dios operativa no solo en la convivencia del individuo, sino en la moral social” (p 17).

De la nada y de la creación

Especial interés tienen las ideas con las que Elorriaga interviene en la polémica, tan al día en Estados Unidos, entre creación y evolución y su precedente inmediato de la previa entre ciencia y religión. Cito: “La imposición de la materia y sus procesos evolutivos como principio y fin de todas las cosas es, a la postre, una atribución de eternidad e infinitad a una interpretación cuasi religiosa de la física que sustituye al Dios espíritu por el Dios materia”(p 26). Y precisa: “La nada como principio y fin de la vida es lo que a escala universal no se puede establecer como el origen y el fin de todas las cosas, y esta hipótesis, tan indemostrable como la más caprichosa de las mitologías, se ha pretendido enmascarar como una divinización de la ciencia empírica, no de la ciencia filosófica, olvidando que su progresivo camino es un proceso instrumental pero no un proceso mental” (p√°g 28).

Ciencia y religión

Ciencia y religión: “Caminan por distintos senderos y es absurdo pretender entrecruzarlos” (p 31). Las distancias entre los dos lenguajes dan indicaciones del mayor interés: “El lenguaje político-religioso no es, en ningún caso, una especie de naturalismo descriptivo sino el lenguaje adecuado al entendimiento humano en sus circustandas” ( p 31). “La ciencia va creando instrumentos que superan las limitaciones físicas de la criatura humana hasta donde puede” (p 32). “Ciencia y religión chocaron entre si por aferrarse a interpretaciones al pie de la letra de los textos sacros o a conclusiones desorbitadas de la significación trascendente de cada avance experimental” (p 33) y “a una visión del envoltorio del fenómeno religioso y no de su contenido profundo” (p 33). “La idea del hombre consciente de su categoría humana, de que su conocimiento limitado, pero que muy importante, del universo es una facultad proveniente de una consciencia cósmica preexistente, es una sensación común a toda la humanidad, desde que esta es capaz de hacerse cuestión de si mismo que perdura y perdurara a través de los tiempos” (p 36).

Ciencia y religión “dos caminos del hombre que no se confunden aunque se entrecruzan” (p 42). “Podemos imaginar una tierra poblada de todas las formas de vida conocidas…e inclusive sufriendo las modificaciones propias de la evolución de la naturaleza, sin que, por ello, surgiese algún día por azar un ser con capacidad para soñar con relacionarse con lo sobrenatural… únicamente el ser humano concibe un absoluto diferenciado de su propia existencia” (p 42). El hombre es “una criatura mortal que busca contacto con lo inmortal” (p 180) “lo que lo distingue y separa de todas la formas de vida que le rodean para vivir “en el tiempo más que en el espacio” (p 181).

Con ocasión de que los científicos hubieran creado, el año 2000, el primer borrador de nuestro genoma, el presidente Clinton dijo en su emocionado discurso: “Hoy estamos aprendiendo el lenguaje con el que Dios creó la vida. Estamos llenándonos aún más de asombro por la complejidad, la belleza y la maravilla del más divino y sagrado regalo de Dios” (p 183).

Visibilidad de Dios y siglo XXI

De cara al futuro: “Es la fe del hombre en si mismo, en la importancia e transcendencia de la humanidad… la que mantiene viva la idea de divinidad. Por ello la dimensión religiosa no es una etapa de la historia del hombre, sino una estructura innata de su propia naturaleza” (p 194). “La necesidad vital de trascendencia que sienten los hombres forma parte de su naturaleza, exclusiva entre los seres vivos” (p 196).

El último capítulo del libro se titula La visibilidad de Dios y en él se sitúa el cristianismo en una cita de Pascal : “No conocemos a Dios sino por Jesucristo” (p 199). “El mundo ha bebido dos mil años de esta fuente inagotable que ha inspirado la esencia de una civilización que va transmitiendo sus valores a toda la tierra” (p 200). No se ha cumplido el pronóstico de la fe en Dios ante el avance de la técnica y el progreso técnico” y la “Sed de Dios” está en el siglo XXI.

Un libro para leer y meditar.

 

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