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EL CELIBATO QUE SE ACABA

Foto: AFP Photo/Osservatore Romano

Por Antonio Aradillas

No sé si se acaba, si se está acabando o si se acabó. Pero, con documentación veraz, hidalguía, humildad y misericordia, acerca del celibato sacerdotal no cabe otro diagnóstico que el formulado de esta difusa, y posiblemente confusa, manera.

En esta ocasión, y entre tantas noticias y comentarios como distribuyen las agencias de prensa, y de las que se hacen fiel eco los medios de comunicación social, -con inclusión de algunos eclesiásticos-, no hay día, y casi página o espacio, en los que el celibato sacerdotal no se haga, piadosa o impiadosamente, presente.

Mueven y conmueven en esta dirección, estas cuatro noticias:1) además del sacerdocio de hombres casados, el Sínodo de las Amazonías tratará otros problemas. 2) En la Iglesia francesa se toma cada día en mayor consideración el tema de los hijos de los sacerdotes católicos, a quienes se les suele conocer popularmente como “hijos de Satanás” o “hijos sacrílegos”. 3) En una prestigiosa galería internacional  de arte, se subasta el cuadro de Velázquez titulado “La Papisa”, retrato de la amante del papa Inocencia X que, con el número 236, ocupó la Cátedra de san Pedro, muriendo en Roma a los 80 años de edad, en 1655, y cuyo nombre de pila fue el de Giovanni Battista, con el apellido Pamphill. 4 ) Tal y como están hoy las cosas, “la pelota del acceso de los casados al sacerdocio católico está en el tejado de las Conferencias Episcopales”.

El famoso padre jesuita José María Díez-Alegría, teólogo de gran prestigio y a quien nadie puede negarle su condición de hombre sensato y creyente, afirmó que “el celibato  sacerdotal es una fábrica de locos”. (Se tiene la seguridad de que tal aseveración no respondió ni solo ni fundamentalmente al comportamiento del conocido cardenal Federico Tedeschini, exnuncio apostólico en España, “mister impresionante en físico,  talento y en diplomacia”, principal figura de la Curia de entonces, muerto en Roma en 1959 y cuyo fallecimiento ocasionó importantes problemas hereditarios al Vaticano y a sus propios parientes, a consecuencia de los dos hijos que tenía, considerados  “nepotes” o sobrinos. 

Jesús instituyó la Eucaristía, pero no el celibato sacerdotal. Aseverar lo contrario obliga a pensar una vez más en la perentoria necesidad que se registra en la Iglesia adulta, de educarse y formarse en la fe. Estudiar la historia de los papas, de la Iglesia universal y vivir con los ojos sensiblemente abiertos a las realidades temporales y “divinales”, con el evangelio como testigo, lleva a conclusiones precisamente no identificables, ni coincidentes, con lo que se cree, predica y practica acerca del celibato  sacerdotal, de su extensión y de su convicción. 

Con honestidad, ascética, Biblia e historia, no resulta fácil aportar razones convincentes relativas a la justificación plena y fervorosamente católica del celibato sacerdotal, fundamentadas  sistemáticamente en las propiciadas por el minúsculo y poco representativo Concilio de Elvira. Por cierto, del mismo se dice que tuvo lugar en “Illiberis”, hoy ciudad de Granada, y al que tan solo asistieron 19 obispos de la Hispania romana, con excepción de los de la provincia Tarraconense (¡¡). Tan fastuoso acontecimiento  “católico” estaría fechado entre los años 303- 10 de la era cristiana. En su canon 33 se decreta: “Plugo mandar terminantemente que los obispos, presbíteros y diáconos y todos los clérigos, que se abstengan de sus cónyuges y no engendren hijos, y quienquiera que lo hiciere sea apartado de la clerecía”. (Gracias a Osio,  el célebre obispo de Córdoba, actos y actas de tan minúsculo concilio lograron ser conocidos en el mundo cristiano).

No descarto la existencia de razones ascético- místicas al dictado de ideas  purificadoras “piadosas”, también con ascendencias paganas, para justificar el celibato del que oficialmente hizo y, en parte, hace, gala la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, aún con el complemento doloroso de la comprobación de tantos escándalos…Pero la verdad-verdad, humilde, resignada, provocadora por algunos, sin temor a anatemas y a expulsiones del siempre privilegiado estamento clerical, sobre cualquier otra, es el del más que probable detrimento que padecerían los signos de la Iglesia, a la hora de tener que heredar los hijos legítimos de los padres-papas, obispos o curas en su diversidad de escalafones, quienes hasta ahora habrían de estar legalmente incapacitados para disfrutar de las riquezas “eclesiásticas”, por aquello de que, más que la de hijos, su calidad era y es la de “sobrinos”. Al celibato sacerdotal le “costará Dios y ayuda” ser desterrado de la Iglesia católica, primando en ello los motivos substantivamente económicos de la institución…

Pero los tiempos, y los criterios, cambian, en igualdad de condiciones para mal, pero también para bien y, conocidos algunos de los fines de la convocatoria del Sínodo de las Amazonías, y que entre ellos destaca la integración en el ministerio sacerdotal de hombres casados, con todas sus consecuencias, en buena lid y lógica equivale a la aceptación ya del celibato opcional.

“Amazonías”, es decir, zonas huérfanas de celebraciones eucarísticas por falta de curas, son muchas en la cristiandad. Faltan curas. Y a los que son, pero oficialmente se les impide su ejercicio-ministerio por lo del celibato en cuestión, han de sufrir el bochornoso, blasfemo e irracional dicterio de que sus hijos sean tratados como si hubieran sido engendrados por el mismísimo Satanás…

La lógica, el sentido común, el convencimiento de que sin Eucaristía no hay Iglesia, así como la falta de racionalidad de los argumentos, acaban de abrirle santa y sensatamente al papa Francisco las puertas del exilio del celibato, para gloria de Dios y edificación de su pueblo. De todas maneras, de entre “las dolorosas previsiones” de Juan Pablo II,  merece especial reseña la de “siento  que la abolición del celibato sucederá; pero que yo no lo vea…”. 

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VIOLENCIA MACHISTA E IGLESIA

Por Antonio Aradillas

Apenas si informadores, tertulianos y cronistas  disponen ya de palabras esdrújulas, y en superlativo despectivo, para narrar los hechos tan dramáticamente frecuentes relacionados con la violencia machista, que logra ya acaparar los puestos de deshonor  y de sangre  en los titulares de todos los medios de comunicación social, no sólo por su número, sino por las circunstancias singulares de algunos de ellos, con mención  estremecedora  para los hijos “testigos”, su narración causa espanto, terror y consternación a la sociedad.

La violencia machista es lacra y señal denigrante también en el contexto  de la religión –religiones–, con inclusión de la Iglesia Católica, al enclaustrar en su ideario  doctrinal, y en su praxis canónica, destellos de discriminaciones y de marginación por razones de sexo. Para tantas religiones, insisto que con inclusión de la Iglesia Católica, todavía la mujer es “pecado”, digna de reprobación, mientras que, por ejemplo, al mismísimo Dios se le trajea de varón, sin escatimársele calidades y valores masculinos, aunque para ello  sea preciso “usque ad infinitum et ad absurdum”, forzar argumentos bíblicos.

Fieles receptores, y a  la vez, re-creadores de esta infame opinión, son algunas de las frases literalmente extractadas  de los Santos Padres y teólogos, que configuran nuestros catecismos, inspiraron la enseñanza religiosa y de alguna y eficaz manera influyeron en la educación también ciudadana  y civil, así como en las instituciones  que las siguen manteniendo.

Desgraciadamente no es  difícil efectuar tal recapitulación doctrinal, dada la abundancia y rotundidad de los ejemplos y de los testimonios. De su conglomerado y patrulla, destaco en esta ocasión, las siguientes: “No se creó el hombre para la mujer, sino la mujer para el hombre. La mujer debe escuchar la enseñanza quieta y con docilidad. A la mujer no le consiento enseñar ni imponerse a los hombres. Le corresponde estar quista, porque Dios formó primero a Adán  y luego a Eva” (san Pablo 1 Cor. 2). “Las mujeres están creadas  esencialmente  para satisfacer la lujuria de los hombres” (san Juan Crisóstomo). “El orden justo solo se da cuando el hombre manda y la mujer obedece”. “La mujer es un ser inferior  y no fue creada a imagen y semejanza de Dios” (san Agustín). “Si la mujer no se somete al hombre, que es su cabeza, se hace culpable del mismo pecado que un hombre, que no se someta a Cristo. Nada más impuro que una mujer en el periodo. Todo lo que toca lo convierte en impuro” (san Jerónimo). “Toda mujer debería sentir vergüenza con solo pensar que es mujer” (san Clemente Alexandrino).  “Las mujeres son débiles, fácilmente  seducibles y sin mucha inteligencia” (san Epifanio). “ Adán fue engañado por Eva, no Eva por Adán”. “La mujer debe velar su cabeza porque no es imagen de Dios” (san Ambrosio).

Durante la Edad Media, las casadas no podían comulgar con frecuencia porque no se las consideraba suficientemente limpias  y dignas de ello. La prostitución fue tolerada por santo Tomás de Aquino, en su “Suma Teológica, “como protectora de la monogamia y de la estabilidad de la familia”. “La mujer  vino a la existencia como ayuda del hombre; pero solo como ayuda para la generación. A ella ha de negársele la comunicación directa con Dios”. “En efecto, el hombre es el principio  y fin de toda la creación”. “La  mujer no puede recibir Órdenes Sagradas porque se encuentra en estado de sumisión”. “La mujer es inferior al hombre en dignidad y en virtud”.

Dado el relieve, creciente por demás que el Opus Dei –“obra de Dios, por antonomasia”– tiene, y seguirá teniendo y ejerciendo, dentro de la Iglesia, con influencias tan definitivas en empresas, doctrinas y enseñanzas “para” o “extra” eclesiásticas, me creo obligado a acentuar algunos de los pilares que en su “ideario religioso” mantiene como “palabra de Dios”, en relación con la mujer, y  que debieran haber sido desaconsejados , y aún reprobados, “por la autoridad competente”, identificada en este caso con la jerarquía.

“Ellas, las mujeres, no hace falta que sean sabias, basta con que sean discretas” (Camino, 946). “Eres curioso, preguntón, oliscón y ventanero. ¿no se da vergüenza ser tan poco masculino. Sé varón” (Camino, 50). La oración con que terminan sus reuniones, si estas son de hombres, está redactada de la siguiente manera: “¡Santa María, esperanza nuestra, ASIENTO DE LA SABIDURÍA , ruega por nosotros!”. Si la sección es de mujeres, su redacción es : “¡Santa María, esperanza nuestra , ESCLAVA DEL SEÑOR, ruega por nosotras¡”. Las numerarias duermen en camas sin colchón y sobre tablas. No así los numerarios. El servicio doméstico –llamado  de “administración”– está reservado a las mujeres. “No podrán hablar con nadie en su trabajo, ni deben conocer el nombre de los residentes”

Fue decisiva la intervención de Álvaro del Portillo  en la redacción de la “Ordinatio sacerdotales” de Juan Pablo II  en 1994,  en la que afirma que “la Iglesia carece de facultad para conferirle la ordenación sacerdotal a las mujeres” y de que “este dictamen debe ser definitivo para todos los fieles”, al igual que  en la aclaración del Santo Oficio  en 1995 advirtiendo que “la imposibilidad del sacerdocio femenino  ha sido propuesta infaliblemente por el magisterio ordinario  y universal y exige asentimiento incondicional”.

A nadie se le ocurrirá pensar que con la aportación de estas citas, sensaciones y datos pretenda culpar a la Iglesia  de las violencias machistas registradas a lo largo y ancho de la historia, y más de las que en la actualidad acontecen. Pero a todos los varones, y aún a no pocas mujeres, les habrán de servir de puntos de reflexión y de referencias para explicarse los porqués se llegó a tal situación, junto con las dificultades existentes para eliminarlas o mitigarlas lo antes posible.

Si la misma Iglesia considera a la mujer  inferior al hombre, con todas sus consecuencias, además de culpable de incontables desgracias de la humanidad, ¿qué mal hacen los hombres-varones  en maltratarlas con leyes y comportamientos, eliminándoles, por poner un ejemplo, la posibilidad de protagonizar y asumir idénticas responsabilidades a las del hombre por varón –“vir”–, aún dentro de la disciplina  –Código de Derecho Canónico– en la misma Iglesia, con inclusión del sacerdocio? Quede constancia de que la Iglesia Católica como institución, y sus sacerdotes y obispos, son y actúan así, todavía, por definición y convencimientos “dogmáticos” sinceramente  machistas.

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AUMENTAN LAS DECLARACIONES DE LA RENTA A FAVOR DE LA IGLESIA CATÓLICA

 

Por tercer año consecutivo la iglesia católica ha aumentado el número de declarantes a través de la Asignación Tributaria. En el 2009 (en la campaña de 2010), debido a la crisis, disminuyó la cantidad de Declaraciones de la Renta, hubo entre 500 y 600 mil menos, pero eso no fue obstáculo para que siguiesen en alza las declaraciones a favor de la iglesia, alcanzando las 7.260.000 declaraciones, 800 mil más que el año anterior. En tanto por ciento las declaraciones de la Renta a favor de la Iglesia pasaron del 34,31% en 2008 al 34,75% en 2009. El total recaudado fue de casi 250 millones de euros, un 20 ó 25% de los ingresos de la Iglesia en España.
Con respecto a estos resultados, don Fernando Giménez Barriocanal, vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal, comentó que “cuando la sociedad conoce la labor de la Iglesia en las cárceles, en la educación, en la atención a los enfermos o los afectados por la crisis, muchas personas que no profesan la religión católica consideran la opción de marcar la casilla”.

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