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JUAN PIQUERAS, TEÓRICO DEL CINE Y MAESTRO DE LA CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA

Foto que Piqueras dedicó a su familia en 1930

Por Javier Pérez, periodista y secretario adjunto de la Asociación Española de Cine e Imagen Científica (ASECIC)

En los turbulentos días de finales de julio de 1936, en la población palentina de Venta de Baños, estratégico nudo ferroviario, fue pasado por las armas el periodista  Juan Piqueras Martínez. Viajaba desde Paris, donde residía, a Oviedo,  y tuvo el infortunio de llevar en su equipaje publicaciones y folletos de ideología comunista, ideario en el que militaba. Su cadáver  fue arrojado a una fosa común y el manto del silencio cubrió el nombre y la trayectoria de una de las personalidades más singulares en la historia del cine español.

Mi paisano Juan Piqueras Martínez había nacido el 24 de noviembre de 1904 en Campo Arcís, pedanía de Requena (Valencia). Sus orígenes no pudieron ser más humildes: una modesta familia  que a duras penas se ganaban la vida en las faenas agrícolas. La necesidad  de ayudar a su padre en el campo le alejaba con frecuencia del pupitre,  por lo que recibió una escasa formación al no poder asistir a la escuela de manera continuada.

Tenía, eso sí,  una enorme inquietud  cultural y de modo autodidacta fue adquiriendo conocimientos, leyendo con avidez cuantos libros caían en sus manos y escribiendo sencillos poemas de adolescente, algunos de los cuales fueron publicados en “La Voz de Requena, semanario anticaciquista”, uno de los periódicos que entre 1920 y 1932 se editaron en esta población de la Valencia interior. 

Empleado como aprendiz en un comercio de Valencia, a comienzos de los años veinte Juan Piqueras tomó contacto con círculos intelectuales y literarios valencianos de orientación progresista y republicana. Con algunos conocidos y amigos a quienes frecuentaba fundó la revista “Luz y vida”. Tenía 16 años y una determinación imbatible para abrirse camino escribiendo sobre el cine, su gran pasión. 

Hoy no tiene ninguna relevancia que alguien se interese profesionalmente por la cinematografía en sus múltiples vertientes, pero en aquellos tiempos resulta  sorprendente que un muchacho  nacido en un entorno de analfabetismo e ignorancia, casi sin oficio ni beneficio, mostrase tamaña curiosidad intelectual y tan decidido empeño por la crítica cinematográfica y el mundo del cine en general. Eso le llevó a editar y dirigir, en 1925, la efímera revista “Vida cinematográfica”, de la que se publicaron dos números. 

Valencia se le quedaba pequeña y en 1928 Juan Piqueras se trasladó a Madrid  donde intuía que habría más oportunidades para llevar a término su anhelo profesional. Pronto se relacionó  con los ambientes cinéfilos, frecuentó los encuentros culturales de la Residencia de Estudiantes y las tertulias de café, sobre todo la que animaba en El Pombo el gran Ramón Gómez de la Serna. Previamente hizo una escala en Barcelona donde contactó con los editores de la revista “Popular Film”. 

 En su infatigable actividad capitalina Piqueras   tuvo la fortuna de relacionarse estrechamente  con dos personajes excepcionales: Ernesto Giménez Caballero, alma mater  de  “La Gaceta Literaria” y el ingeniero Ricardo Urgoiti,  fundador de la distribuidora  Proa Filmófono. Merece la pena unos breves apuntes sobre ambos benefactores de Piqueras.

Giménez Caballero y Ricardo Urgoiti, dos benefactores

Ernesto Giménez Caballero es un hombre realmente singular. Socialista en su mocedad, fue introductor de las vanguardias en España pero también del fascismo. Heterodoxo y extravagante intelectual,  activista de todas las causas artísticas y creadoras, se movió entre el futurismo y el surrealismo y concibió un fascismo de corte hispánico ciertamente excéntrico y personalísimo, un falangismo sui generis  que le convirtió en una rara avisen el Régimen de Franco. El General se lo quitó de encima enviándolo de embajador a Paraguay. 

Mucho antes,  en 1927, un Giménez Caballero en plenitud de sus facultades, con una sólida formación, amplitud de miras  y conexiones con todo el mundo literario, fundó “La Gaceta Literaria”, publicación quincenal que acogió a las mejores plumas de las generaciones del 98, del 14 y del 27. Otra de sus pasiones era el cine y en colaboración con Luis Buñuel, de quien era amigo personal, fundó el primer cineclub de España y rodó varios cortometrajes. Piqueras tuvo la fortuna de conocer y vincularse  a Giménez Caballero que le ofreció escribir la crítica cinematográfica en “La Gaceta Literaria” y le puso en contacto con Buñuel, con quien el requenense trabaría una sólida amistad.

El otro gran respaldo  que encontró el joven periodista Juan Piqueras fue Ricardo Urgoiti, ingeniero formado en EE.UU e hijo del gran capitán de empresas que fue D. Nicolás María de Urgoiti, fundador de El Sol, de la Papelera Española, de la editorial Prensa Gráfica y de la agencia Febus,  entre otros medios y empresas del sector editorial. Ricardo Urgoiti heredó de su progenitor si inquietud empresarial en el ámbito de la comunicación y fue el promotor de Unión Radio, origen de la cadena SER,  y fundador de la distribuidora cinematográfica Filmófono. Urgoiti  acogió a Piqueras en la distribuidora y le abrió puertas para que desarrollase su vocación y ampliase sus contactos. 

Fueron dos apoyos muy relevantes que permitieron al joven Piqueras conectar con el sector profesional del cine español, promover los incipientes cineclubes, publicar en revistas y asesorar al propio Urgoiti. Acaso influido por Giménez Caballero, o  por propia iniciativa, en mayo de 1930 Piqueras organizó una sesión de cineclub en el Cine Suizo de Valencia, donde se proyectó “Un perro andaluz”,  film referente del cine surrealista dirigido por Luis Buñuel y que contó con la colaboración de Salvador Dali.

Precisamente ese año, 1930,  Piqueras  dio el salto de Madrid a Paris, epicentro donde convergían todas las tendencias y corrientes creadoras. Desde la capital francesa siguió colaborando con Giménez Caballero, con artículos para “La Gaceta Literaria”, además de publicar en “El Sol”, “La Semana Gráfica”,  “Crónica” y en  la revista barcelonesa “Popular Film”,  y mantuvo asimismo   el vínculo  con Urgoiti, para el que realizó  encomiendas regulares.  Su talento y su progresiva formación hicieron de Piqueras el periodista cinematográfico más influyente y prestigioso de España. 

Ayudante de René Clair

Durante su estancia en Paris, siempre moviéndose por los ambientes cinematográficos y literarios,  Piqueras conoció a René Clair de quien sería ayudante en la película “Viva la Libertad” (1931), film que marcó un hito y fue nominado para el Oscar. Pero Juan Piqueras tenía serias discrepancias con Clair respecto al papel del cine como expresión artística y medio de comunicación, así que su relación acabó truncándose. 

Piqueras era una persona de carácter expansivo, tenía fortaleza y ánimo para sortear las dificultades y las penurias, no rehuía las polémicas y estaba imbuido de un ideario profundamente social y cercano al  concepto que del arte y la cultura  tenían   los creadores soviéticos. Para no estar sometido ni condicionado por nada ni por nadie Juan Piqueras fundó en Paris su propia revista. “Nuestro Cinema. Cuadernos internacionales de valorización cinematográfica”, así se titulaba, se editó entre 1932 y 1935. 

La mayor parte de los  números que publicó, en un rocambolesco sistema que pasaba por Paris, Barcelona y Madrid, están disponible en la hemeroteca digital  de la Biblioteca Nacional de España. Todos ellos contienen artículos de Piqueras y de su lectura se obtiene una conclusión precisa de cómo entendía el periodista y ensayista valenciano el papel que correspondía jugar al cine en el escenario de la cultura de masas.

 Así, en uno de sus textos podemos leer una declaración de principios sobre los objetivos que  pretendía con la revista “Nuestro Cinema”: “Nos hace falta un cinema que enfoque ampliamente el tema social, el tema documental sin falsearlo, el tema educativo desde un punto de vista sincero. Un cinema que nació con Eisenstein, con Pudowkin, con Alejandro Room… Un cinema que se prolonga en Tourine, en Dowjenko, en Nicolay Ekk, en Karl Junghas… Un cinema que no sea la opereta cinematográfica; ni la comedia salpicada de canciones absurdas; ni el documental “al aire libre” realizado en los estudios; ni el inspirado en las “estrellas”; ni en los “divos”, ni en los “códigos” puritanos de William Hays… Queremos un cinema enjundioso nuevo y fuerte, y para preconizarlo y señalar los valores y las deficiencias del de hoy, nacen nuestros cuadernos mensuales, abiertos a todos cuantos se uniformen en nuestro equipo”. 

Durante los años treinta, coincidiendo con su estancia en Paris, Piqueras asiste a varios congresos internacionales y viaja en diversas ocasiones a la Unión Soviética. En aquellos tiempos la esperanza en los beneficios redentores del comunismo poseía  a no pocos intelectuales de izquierdas y Piqueras admirada el cine movilizador y épico de  Serguéi Eisenstein, su original concepción del montaje y sus teorías sobre el cine como arma propagandística. 

Una cinematografía comprometida con la causa del proletariado y que, según Piqueras, debía sustraerse a los convencionalismos  y a los planteamientos inspirados por las grandes productoras que, a su juicio, no pretendían otra cosa que el negocio a costa de la banalidad y los argumentos triviales. El mérito de Piqueras no es tanto su intransigencia y su firmeza doctrinal,  como su profundo conocimiento del sector, su visión crítica, su capacidad de análisis y su apuesta por un cine alternativo e independiente. Y a ello hay que añadir su autonomía como crítico, su condición de periodista que no estaba al servicio  de los productores y distribuidores  que gobernaban el sector y tenían a sueldo a gacetilleros y cronistas dóciles y paniaguados. 

Una biografía indispensable

Eso es lo que  convierte a Piqueras  en una versión hispana de Louis Delluc,  como certeramente  describió Juan Manuel Llopis  en la monumental biografía que escribió del valenciano.  Delluc (1890-1924) fue una figura trascendental en la historia del cine francés: periodista, crítico, agitador cultural, organizador de cineclubes, director y guionista. De ahí el paralelismo con Juan Piqueras Martínez. 

Juan Manuel Llopis Matoses, a quien este cronista tuvo el honor de conocer y tratar, fue sacerdote en Requena donde ejerció una intensa actividad como gestor cultural en los años setenta. Tras renunciar a la vida eclesiástica se desempeñó como periodista y crítico cinematográfico, siendo muy reconocido por sus trabajos e investigaciones acerca de  Buñuel y, muy especialmente,  sobre Piqueras. (Juan Piqueras: el “Delluc” español. Valencia 1988). Llopis dedicó años de su vida a investigar la vida y obra de Piqueras y elaboró un trabajo exhaustivo  que por su temprana muerte no pudo ver editado. Sus herederos lo donaron a la Generalidad Valenciana. 

Un retrato  de Josep Renau rinde homenaje a Juan Piqueras Martínez en una galería de la Casa Consistorial de Requena, donde el ayuntamiento también designó una calle con su nombre. Un español, como tantos, a quienes la tragedia de la Guerra Civil segó la vida, privando a la cultura patria de un intelectual esclarecido y de  un periodista que marcó un hito en el mundo de la crítica cinematográfica y en los estudios sobre el séptimo arte. 

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POLÉMICA ENTRE PRESIDENTES DE LA ACADEMIA DE CINE

Polémica, o culebrón, acerca del presente y el futuro del cine español, el cine en internet y su público. Dos puntos de vista, dos galas de los Premios Goya y dos presidentes de la Academia de Cine: el actual, Enrique González Macho; y el anterior, Álex de la Iglesia.

Si nos remontamos a la gala de entrega de los Premios Goya del año pasado, recordaremos que, el entonces presidente de la Academia, Álex de la Iglesia, en su discurso, llamaba a buscar al público allí donde se encontraba y señalaba que “los internautas son ciudadanos, son gente, son nuestro público” y que “internet no es el futuro, como algunos creen, es el presente, es la manera de comunicarse, de transmitir información, entretenimiento y cultura, es parte de nuestras vidas y la ventana que nos abre la mente al mundo”. Pues bien, entre esos que piensan que internet es el futuro y no el presente, en lo que respecta al cine, se encuentra el actual presidente de la Academia, que en la última edición de los Premios Goya, en el discurso habitual, así lo declaró, explicando que ”hoy por hoy, prácticamente la totalidad de la economía del cine, los recursos que hacen posible la producción cinematográfica, no proceden de internet” y, por tanto, “internet formará parte esencial de nuestro futuro, pero este futuro todavía no ha llegado”.

Álex de la Iglesia no ha tardado en responder, a través de un artículo de opinión publicado en El País. En él reconoce que éste es un asunto peliagudo puesto que “cuestiona los principios del mismo negocio, obliga a fundamentar ideas y a derribar prejuicios”. Además insiste en que hay que “trabajar para el público y buscarlo donde se encuentre”, es decir, en este caso, en Internet. “Nadie defiende al que se lucra ilegalmente con el trabajo de los demás. Ahora bien, seamos sinceros, ¿Cuál es la oferta legal?”, pregunta Álex de la Iglesia. Y también pregunta: “¿Podemos decir que internet no es una alternativa al negocio del cine cuando, ni tan siquiera, lo hemos intentado? ¿No somos responsables de no saber adaptarnos a las necesidades del mercado?

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LUIS GARCÍA BERLANGA

Luis García Berlanga era una persona fascinante. Bardem lo definió como “un fanfarrón negativo” porque siempre alardeaba de lo peor de sí mismo y de su pesimismo natural. Solía deleitarse contando que nunca había conseguido aprender cómo funcionaba una cámara, que los actores iban por libre y él les dejaba improvisar, que en sus primera películas los técnicos más experimentados no le hacían ni caso… en fin como si él fuera un gran desastre y no el inmenso director y guionista que realmente fue. Cuando comenzó a hacer películas, cada vez que acababa de rodar un plano solía decir “vaya cagada” aunque el resto del equipo hubiera quedado encantado con el resultado. De ahí que una de sus biografías se titule “Bienvenido Mister Cagada”. Luis fue tan grande que se utiliza su nombre como adjetivo. Plasmó, como nadie, esas situaciones un poco surrealistas pero llenas de humor negro que, desde entonces, calificamos de “berlanguianas”. Eso le hacía gracia: ver en un periódico que algo era “berlanguiano” o que algún periodista definiera alguna situación como un nuevo “Bienvenido Mister Marshall”. Pero lo más curioso es que él contaba que muchas de estas situaciones absurdas, increíbles, hilarantes que reflejaba en sus películas las sacaba de un breve en un periódico, de una anécdota real, y que lo que él quería era que sus películas fueran un trozo de vida. Y vaya si lo consiguió. De todos modos, como ya he dicho anteriormente, él siempre se quitaba méritos en vez de ponérselos porque, por muy reales que fueran muchas de aquellas anécdotas, él las transformaba mirándolas a través de su prisma tan personal.
Durante años y años Luis fue colaborador de lujo en algunos de los programas que hice en la radio. En la dedicatoria de sus memorias me escribió “ en este libro hay bastantes páginas de sadomasoquista, es para mí una satisfacción esta dedicatoria a Beatriz que ha sido la que más me ha torturado pero desgraciadamente no con un látigo sino con el micrófono. Con un beso de tu esclavo”. Durante años estuvo viniendo a la radio. Nunca fallaba, jamás llegó tarde, siempre protestando, eso sí, pero siempre cumplidor. Se consideraba un desastre hablando por la radio pero era maravilloso porque sus opiniones eran siempre distintas a las del resto del mundo, interesantes, inteligentes, divertidas y, sobre todo, libres. No he conocido a ninguna otra persona que dijera lo que pensaba sin importarle las consecuencias. No tenía prejuicios ni hacía caso de lo “políticamente correcto”, una tendencia que los dos odiábamos profundamente. Podías estar de acuerdo o en desacuerdo con él pero su opinión introducía siempre algún elemento nuevo e interesante y nunca complaciente. Una gozada ahora que ya nadie discute para aprender ni para cambiar de opinión sino para encastillarse aún más en sus propias opiniones. Sus películas son una muestra de su original manera de pensar. ¿A quién si no a él se le puede ocurrir hacer un ataque de la pena muerte con una historia como la de El verdugo?
Luis García Berlanga era también un caos absoluto. Siempre decía que padecía de verborrea y en la radio siempre me pedía que le cortara pero lo cierto es que era su manera de hablar , también de trabajar. Cuando escribía sus guiones con Rafael Azcona, se iban a un café y allí se ponían a charlar de lo que fuera y una cosa llevaba a la otra y, al final, surgía una estupenda película, películas llenas de acidez y, al mismo tiempo, de ternura. “Todo lo negativo, lo amargo y pesimista de mis películas nace de mí -comentaba en sus memorias-. Lo que sí es cierto es que le daba una forma menos negra que Rafael (Azcona). Quiero a mis personajes, me encariño con ellos a pesar de sus lacras. Cuando muchas veces acabo abandonándolos a su sombrío destino, me dan cierta pena. Son mis hijos “putativos” y, aunque no voy a salvarlos, les doy un caramelo para hacerles más llevadera la subida al cadalso. No creo que eso sea ternurismo. Es incluso más atroz”.
A Luis le interesaban los perdedores y buscar el lado más miserable de nuestra existencia. Si le dabas la enhorabuena por ser Presidente de Honor de la Academia te contestaba que era lo peor porque, en los Goya, tenías que recibir a las autoridades en la puerta muerto de frío , luego se esperaba que hicieras un buen discurso, cosa que él odiaba , tenías que asistir a los más absurdos y aburridos compromisos en vez de estar en tu casa viendo jugar al Valencia, y encima era un cargo honorífico, o sea, que no se cobraba. Por supuesto, desaparecía todo el glamour. ¿Quién puede dar una versión más subversiva de un cargo?
Luis fue un librepensador y un libertario. Yo creo que era una de las personas más críticas y lúcidas que he conocido pero, como no se le podía etiquetar, muchos le criticaban desde un punto de vista ideológico. Él reconocía que le habían llamado señorito porque siempre iba bien vestido, que “me llamaron fascista por no ser comunista , comunista por no ser fascista, escapista porque no creo en las monsergas doctrinales. Para mí “tomar partido” -decía- es renunciar a la libertad”. Sólo tengo cosas buenas que decir sobre Luis. Era cariñoso, divertido… en su casa se comen unos arroces fantásticos. Salir o viajar con él era toda una experiencia, casi como una de sus películas. Recuerdo una vez, en Valencia. Fuimos a hacer un programa en directo y, por la noche, nos llevó a cenar, a todo el equipo, a un restaurante especializado en setas. Nos dijo que era fantástico. Entramos, todo el mundo lo conocía y saludaba. Se acerca el dueño y le pide un surtido de setas para nosotros y para él… un pescado. “Yo no me fío de las setas” -nos dijo- pero vosotros podéis comerlas si os atrevéis”. Y se quedó tan pancho.

Beatriz Pécker

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ALEX DE LA IGLESIA EN LA GALA DE LOS GOYA

“INTERNET ES LA SALVACIÓN DE NUESTRO CINE”
Mucho, y de forma muy clara, dijo Alex de la Iglesia en el discurso de la que supone su última comparecencia en la gala de entrega de los premios Goya como presidente de la Academia de Cine. “Una película no es una película hasta que alguien se sienta delante y la ve. Sin público esto no tiene sentido”, señaló el ya ex presidente en protesta a la conocida como ley Sinde. Esta ley, para quien no la conozca, consiste en poner un límite en Internet a las descargas sin autorización de contenidos protegidos por derechos de autor y fue aprobada recientemente por el Senado. “ Dicen que he provocado una crisis, pero crisis en griego es proceso o cambio y el cambio es acción”, continuó en su disertación Alex de la Iglesia, “ hace 25 años nadie se podía imaginar adónde nos podía llevar algo llamado Internet. Que se vean nuestras películas ya no depende sólo de llevar a la gente a las salas”.
Y es que, en lo que llevamos de 2011, la recaudación en cines en España ha bajado un 27% con respecto al año pasado. Y eso es mucho. Por eso Alex nos recuerda que “Internet no es el futuro, Internet es el presente y sirve para que millones de personas se comuniquen. Es la nueva ventana que nos abre la mente al mundo”. Aparte de eso, subrayó, porque son cosas que se pueden olvidar, que “ los internautas son personas, son gente, son nuestro público”; y apuntó que el mundo del cine sólo ganará al futuro si son ellos los que cambian, los que innovan y apuestan por ideas imaginativas, “no tenemos miedo a Internet, Internet es la salvación de nuestro cine”.

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