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¿EXISTE SOCIEDAD CIVIL EN ESPAÑA?

Por Gabriel Elorriaga Fernández

Libro: “EXISTE SOCIEDAD CIVIL EN ESPAÑA”

Responsabilidades colectivas y valores públicos

Joan Subirats (editor)

Estudios de la Fundación “Encuentro”

Madrid 1999

A finales del siglo XX un grupo de economistas y sociólogos coordinados por Joan Subirats publicaron un trabajo colectivo bajo el título de “¿Existe sociedad civil en España?” con el subtítulo “Responsabilidades colectivas y valores públicos”. Aquel trabajo, patrocinado por la Fundación Encuentro, sigue vigente en su duda por cuanto el declive de la cultura cívica se sigue notando en los sectores llamados a ejercer una influencia insustituible en los centros nucleares de la convivencia colectiva. La presencia necesaria de la sociedad civil es el complemento de los sistemas electorales representativos y la cantera de los partidos políticos en los niveles de participación libre de las comunidades democráticas. Una sociedad libre no es una sociedad exclusivamente estatalizada sino aquella donde convergen impulsos espontáneos de participación voluntaria en las instituciones políticas propiamente dichas.

Se habla mucho de sociedad civil sin precisar si es una referencia a todo lo que se supone que existe fuera del sistema político-administrativo o si se trata de una realidad colectiva capaz de modular o condicionar a dicho sistema. Lo que no cabe dudar es que existe una base previa a la política que no está construida en el vacío, sino que emana de una realidad colectiva preexistente. La cuestión es si dicha sociedad civil es asumida por el sistema político o coexiste a su lado con una capacidad operativa propia paralela a las estructuras de la comunidad organizada políticamente. Puede que, a su modo, la sociedad civil coexista con los sistemas políticos liberales y sea anulada en los sistemas políticos totalitarios. En este sentido la autonomía de la sociedad civil es un síntoma de libertad y su capacidad de influencia califica una concepción democrática del Estado como un centro de concurrencia de factores colectivos o como una máquina opresora que anula toda capacidad de agrupación espontánea de voluntades o de intereses que no hayan sido programados reglamentariamente.

En el caso de nuestro sistema constitucional vigente se da la circunstancia singular de haberse diseñado a través de una transición desde un largo periodo de Estado autoritario hacia un sistema democrático reforzado con el impulso de lo nuevo y deseado. El Estado autoritario rechazaba la participación a través del pluralismo de los partidos políticos. Esta ausencia se trató de contrapesar con la utilización directa de los recursos de la sociedad civil a través de entidades de apariencia extra-política, como la familia, los colegios profesionales, los poderes fácticos de la economía o de un sindicalismo corporativo inspirado en el objetivo de la unidad sindical, etcétera etcétera. Al abrirse paso la libertad de asociaciones políticas de carácter ideológico, aquellas entidades utilizadas como referencias sustitutivas de la política se sintieron desplazadas de su protagonismo, más ficticio que real, en la misma medida que los partidos políticos de nueva creación o reaparecidos, desarrollaron sus recuperadas funciones con todo el protagonismo de la novedad y como símbolo de libertades recobradas. Esta realidad psicológica explica que en el ambiente de la nueva democracia los partidos políticos monopolizasen excesivamente la presencia pública y  la sociedad civil no militante se replegara de tal forma que se llegase a dudar de su existencia.

El repliegue instintivo de las agrupaciones típicas de la sociedad civil originó zonas de vacío entre las formaciones partidistas y las multitudes amorfas provocando, entre otros efectos, que los cuadros directivos de los partidos tendiesen a autoabastecerse de sus propios equipos funcionariales sin valorar otros méritos que los servicios a sus burocracias internas. Un sistema de reclutamiento de personal autónomo que manifiesta sus defectos en la dificultad para hacerse entender y apreciar socialmente por carecer de cualquier otra experiencia que la de hacerse gratos a sus superiores. Pero la realidad social es más compleja que el aparato interno de un partido político y la función representativa que se asigna a dichos partidos necesita estar conectada con esa compleja trama de factores profesionales, económicos y culturales que influyen en la formación de la opinión pública. Por ello es peligroso que se pueda dudar de la presencia de sociedad civil en España porque la simple duda significa que la privacidad está deficientemente conectada con la vida oficial o postergada por una falta de comunicación.

Esa falta de comunicación repercute en la composición de los partidos que pierden su estructura piramidal que integra entidades orgánicas intermedias, federaciones y sectores de opinión influyentes y convergentes y adquieren el formato de formaciones populistas en que no existen otros puntos de referencia que la voluntad del líder y los militantes rasos. Así vemos partidos de diseño, de bases inestables, congregados coyunturalmente en torno a un líder y una etiqueta, promocionados publicitariamente como artículos de consumo. Esta tendencia se detecta entre nosotros no solo en las formaciones de reciente creación, como Ciudadanos o Podemos, sino en la pérdida de ingredientes plurales convergentes en el cuerpo social de partidos clásicos como el PSOE o el PP.

Esta incomunicación propicia una llamada “clase política” que ni es una selección elitista de la sociedad ni una representación de sus núcleos mayoritarios sino producto de una dedicación excluyente a la organización burocrática de los partidos. Esta mal llamada “clase” se transforma en una especialización laboral que controla, desde el interior de los aparatos partidarios, un sistema de promoción como premio a los servicios prestados al aparato del partido sin valorar la capacidad de los titulares de las instituciones representativas para hacerse estimar por la realidad social circundante. Esta especialización laboral produce una tendencia endogámica que configura equipos partidistas con escasa sensibilidad para las preocupaciones socio-económicas de las grandes clases medias urbanas de los núcleos industrializados y sus inquietudes culturales, para las reivindicaciones de los trabajadores acomodados o descolocados y para las aspiraciones locales de las poblaciones menores o zonas rurales enraizadas en el concepto tradicional de municipalismo. Esta falta de comunicación provoca una escasa participación voluntaria de la sociedad independiente en la vida política que se canaliza raquíticamente desde las secciones juveniles de los partidos por medio de una dedicación absorbente que aleja a los aprendices de político de la sociedad real desde sus años de iniciación profesional. La sociedad civil tiende a inhibirse de sus responsabilidades sociales en cuanto se ve sustituida por círculos políticos cerrados y bloqueados. Esta inhibición instintiva explica una degradación palpable de la “clase política”, cada día más falta de relevancia personal y necesitada de una maraña de asesorías para desempeñar las funciones que le corresponden sin brillantez ni capacidad de discurso, concentrándose gregariamente en torno a un liderazgo único que prolonga su mandato por dificultades de sustitución originadas por la mediocridad de unos equipos sin proyección social ni cultural.

El prestigio de los sectores públicos es consecuencia de la repercusión de su imagen en el ámbito de la sociedad civil y gracias a su proyección extrapartidaria capaz de repercutir en las grandes mayorías de votantes no militantes. El atractivo electoral de los políticos necesita de un ambiente abierto y amplio con capacidad de diálogo con las entidades intermedias entre los individuos votantes y el Estado que mantengan el equilibrio entre instituciones y agrupaciones sociales. En España presenciamos la ausencia de una presunta sociedad civil precisamente en aquellas regiones que, por su precoz industrialización, disponían de destacados cuadros empresariales, sindicales y culturales influyentes en su política territorial y en la proyección nacional de sus intereses, como era el caso de Cataluña y el País Vasco. La lamentable depreciación de su “clase política” es tan evidente que a ningún observador se le escapa la imagen degradada por la irresponsabilidad e irrelevancia de sus actuales representantes públicos. Es posible que haya que repartir las culpas en ambas direcciones. Tanto en la cerrazón de los equipos políticos como en la deserción del voluntariado civil y que ambos defectos han contribuido al espectáculo de incompetencia e insolidaridad que contemplamos como resultado de un bajo nivel de influencia ilustrada y responsable en la gestión de los asuntos públicos.

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ENCUENTRO ENTRE ESCRITORES

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Por María Jesús Díaz

El pasado 31 de Octubre se celebró un almuerzo en la sede de la revista digital sociedadcivil al que acudieron como comensales cinco prestigiosos escritores, y ejerciendo de moderador Ernesto Pérez de Lama, su presidente. Los nombres de los escritores son:

Gabriel Elorriaga Fernández

Antonio Aradillas

José Manuel González Torga

José Luis Martín Sánchez

Javier Castro Villacañas

Un cocido madrileño riquísimo, regado con un buen vino, fue la antesala de una sobremesa muy interesante, donde tuvo cabida la encendida tertulia política y la rabiosa actualidad, conversaciones habituales en cualquier foro donde se encuentren dos o más personas, por ser éstos asuntos que preocupan hoy en día al común de los españoles. Estos temas salen sin preguntar….

Pero los escritores traían bajo el brazo la respuesta a dos simples preguntas:

1.- ¿Cuál es el último libro que ha escrito?

2.- ¿Qué libro tiene en mente escribir en el futuro?

 

En primer lugar intervino Gabriel Elorriaga Fernández (1930). Abogado, periodista y político español, que fue una de las siete personas encarceladas con motivo de las revueltas estudiantiles de 1956. Fue jefe del gabinete técnico del Ministro de Información y Turismo de 1962 a 1969, gobernador civil de Santa Cruz de Tenerife (1969-1971), elegido diputado por Castellón en 1982 y reelegido en 1986, 1989 y 1993. Posteriormente fue senador en 1996, 2000 y 2004. Es autor de numerosos libros, pero para ser fiel a las dos preguntas de rigor, Elorriaga nos habló de su último libro, “Canalejas o liberalismo social” y nos anunció la próxima edición de un nuevo libro, “Manuel Fraga Iribarne o el eje de la transición”, su labor en la redacción de la Constitución Española, la importancia de su figura en relación con el equilibrio del centro y la derecha de su época. Todo ello como visión de conjunto de la vida y de la posteridad; la trasposición del espíritu de la Constitución de Cádiz como consecuencia de la Constitución del 78.

 

El siguiente en intervenir fue Antonio Aradillas, infatigable autor de 85 libros, de 86 años de edad, Licenciado en Teología, formado en el Seminario de Badajoz y en las universidades Pontificias de Salamanca y Comillas. También es periodista, formado en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid. Trabajó como periodista-informador religioso en “Arriba”, “Pueblo” y “El Imparcial”, entre muchos otros periódicos y revistas. Le recordarán por firmar sus colaboraciones bajo el seudónimo de “Erasmo”. Actualmente es bloguero de “Religión Digital”, en Periodista Digital, donde colabora tres veces por semana.

Su último libro publicado se titula “Autobiografía soñada del Papa Francisco”, aunque ese no es el título que tenía previsto originalmente, ya que pensaba llamarlo “Autobiografía del Papa Francisco”, pero el editor se negó a editarlo por considerar que este título podría acarrear problemas, por más que el autor explicó que se trataba de un recurso literario. En este libro, el autor se mete en la piel del Papa Francisco, y trata varios temas, sobre los que se define como si fuera el mismo Papa. Su próximo libro llevará por título “Los obispos no piden perdón”, y recalca que estos temas tan controvertidos los puede abordar porque él tiene la libertad de no vivir de esto (sic), sino de ser periodista. Asuntos que le preocupan especialmente son la presidencia de la Iglesia y que en el organigrama institucional de la Iglesia no haya presencia femenina.

 

El tercer escritor en intervenir es José Manuel González Torga, leonés nacido en 1938, de dilatada experiencia profesional como periodista y como docente, y Presidente de la Asociación de corresponsales de Prensa Iberoamericana. Destacamos el dato biográfico que le hace entrar en nuestra Historia reciente, por ser quien vetó a Adolfo Suárez por orden de Sancho Rof (director general), siendo redactor jefe de los servicios informativos de TVE. El veto propició que la imagen de Suárez no se viera dañada, ya que se trataba de una loa al franquismo que Suárez quería que se leyera el mismo día de la muerte de Franco. Una apología al Generalísimo que al omitirse le benefició, como se vio beneficiado el propio Sancho Rof al ser nombrado ministro por el propio Suárez posteriormente.

Su último libro, “El periodismo en el laberinto”, plantea una serie de cuestiones relativas a la profesión periodística, a los problemas que se plantean al encontrarse en crisis el modelo de negocio. Peligra hasta el nombre (es la periodicidad, no es el periodismo), y esto ha sido superado. La información es cara, se complementa con publicidad, y desde luego no se plantea el dumping. La historia de la profesión periodística se ve reflejada en esta obra, desde que se considera importante colocar los elementos de la actualidad, la distribución del periódico, su difusión, hasta las nuevas formas de supervivencia como es por ejemplo en Francia la iniciativa de creación de eventos, o lo que en España se viene a llamar “club de usuarios” (Intereconomía, por ejemplo). Mención aparte merece el hecho de que en la actualidad los ejecutivos de prensa tienen un problema, y es que son meros gestores, no vienen de la actividad periodística, no entienden la especificidad de la profesión periodística.

En un futuro, el autor tiene en mente la construcción de un libro basado en las entrevistas y perfiles de personajes que ha ido tratando en su dilatada y prestigiosa carrera profesional. Aún no tiene pensado el título.

 

José Luis Martín Sánchez, periodista abulense, que firma sus libros sin el segundo apellido, -así lo convino con Martín Descalzo y Martín Vigil en un viaje en tren a Valladolid- es el siguiente autor en intervenir. Lleva 50 años al servicio del periodismo, en la actualidad dirige un blog con el nombre de”poemasyfabulas”. Con anterioridad fue jefe de Prensa de Correos y Telégrafos., Instituto Nacional de Meteorología, etc. Ha sido director de las revistas “Guadiana” y “Bolseco” y redactor jefe del periódico “Pueblo” y de la revista “Sábado gráfico“, entre otras publicaciones.
Su último libro responde al título de “El viento que viene del mar“, cuenta en él las vicisitudes de un soñador, Aigo Dolsa, único personaje de la trama, en busca de la felicidad que alcanza en sus sueños, a los que su imaginación traslada para encontrar aquello que, en su deseo, con pasión busca. Así crea a Manasú, bruja itinerante, vieja partera, que  a su vez encuentra, entre la buganvillas que crecen cerca de los acantilados de Cala es Mort, a Liberto Binimayut, el niño que pronto encontrara motivos suficientes para vivir con la aparición de una sirena a la que llama Xurroi.
En la actualidad tiene en imprenta “Loas, bailes, jácaras y mojigangas” libro de cuentos que viene a ser continuación del recientemente publicado “Danzas, botargas y tarascas“.

 

Javier Castro Villacañas es abogado y periodista. Conferenciante y articulista, fue productor y director de los servicios informativos de CITY FM Radio (2004-2009), director y presentador del programa “punto de encuentro” en COPE Madrid, y “claves de la semana” en Radio Inter. Colabora en los suplementos Crónica y La otra Crónica del diario “El Mundo”, y es co-autor de “Miguel Blesa, el lobo de Caja Madrid”, junto con Luis Suárez.

Precisamente esta obra es la que presenta en la tertulia como la última obra escrita por él, y la califica como periodismo de investigación. El autor la define como una muestra de la depredación de la casta política española, que ha llevado a que una institución con más de trescientos años de historia (Caja de Ahorros de Madrid), sin ánimo de lucro, con un fin social, en cuyo acta fundacional se puede leer que no se pueden repartir beneficios, se ha convertido en un instrumento de poder al servicio de organizaciones sindicales, empresariales y partidos políticos, con una gestión nefasta trufada de negocios ruinosos que llevaron a que el FROB se viera obligado a destinar, de los veintidós mil millones de euros que costó el rescate al conjunto de la banca, nueve mil millones de euros al rescate de Caja Madrid.

El próximo libro que el autor tiene en mente escribir será “La España republicana” (personalmente el autor echa de menos una derecha republicana), aunque muy probablemente trate antes el turbio asunto de la corrupción en los sindicatos (EREs, caso de Asturias…) y llevará por título “la casta sindical”.

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