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JOSÉ MANUEL GONZÁLEZ TORGA. RIGOR Y SABIDURÍA EN EL PERIODISMO Y LA DOCENCIA

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Por Maria José López de Arenosa

El pasado 19 de octubre el periodista José Manuel González Torga nos dejó e inauguró tertulia en el cielo. Mejor dicho, inauguró un filandón; una de esas veladas de los pueblos de la montaña leonesa en las que se contaban sucesos y se transmitían historias y leyendas ancestrales de tradición oral para amenizar las largas noches de invierno en torno a la lumbre mientras se hilaba la lana (de ahí su nombre, del verbo hilar, filar).

Para el gran público su nombre tal vez no suene mucho porque vivimos en lo que Vargas Llosa ha llamado la civilización del espectáculo y él se distinguió justo por lo contrario. Nada más ajeno a su temperamento discreto y prudente que el alarde o la frivolidad de la fama. Su mundo era otro.

Nacido en León, en 1938, sus primeros años de vida transcurrieron en los pueblos donde su padre ejerció como notario: Riaño, Horcajo de Santiago, Solares, Nava y Telde. De sus padres, Miguel González Rodríguez y Julia Torga Acebal, de origen leonés y asturiano respectivamente, heredó la austeridad y la sensibilidad. Por su físico y temperamento recio y noble era el prototipo de esa “casta de astures” que recoge la novela de título homónimo, escrita por su pariente José González, el canónigo de Crémenes.

Periodista cuasijurista

Inició sus estudios en Derecho y los abandonaría en el cuarto año por su verdadera pasión, el Periodismo, para dar fe del acontecer diario como notario de la actualidad levantando acta en las páginas del periódico. Su formación jurídica y la influencia notarial paterna dejaron su huella, convirtiéndose en un periodista cuasijurista, riguroso y bien documentado que llamó a las cosas por su nombre, sin eufemismos y defendiendo el idioma por encima de la nueva censura de la corrección política. “Las cosas son como son”, decía, “la realidad es tozuda”. Y no claudicó jamás en su servicio a la verdad sin manipulaciones. Y si la verdad nos hace libres, a él le dio, además, una independencia de juicio que no se vendió a criterios mercantiles ni de ningún otro signo.

El rigor insobornable y la erudición fueron las señas de identidad de toda su trayectoria y el perfecto equilibrio de su riqueza y precisión léxica, con el dato exacto, configuran la sobriedad y elegancia de su prosa. Se podía discrepar de su opinión, pero su línea argumental era impecable y había que rendirse ante la rotundidad de sus datos, que no extraía de Google, sino de su memoria prodigiosa y de su paciente y minuciosa labor de investigación. Lo sabía todo y fue un trabajador incansable, capaz de recorrer cientos de kilómetros en la búsqueda de un dato o un testimonio para rematar un artículo sobre cualquiera de los infinitos temas que despertaban su interés. Recordaba sin titubeos fechas, títulos, anécdotas y citas que traía a la conversación sin asomo de engolamiento ni pedantería.

Periodista y maestro

Obtuvo su grado en Periodismo por la Escuela Oficial de Periodismo y fue doctor en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Complutense de Madrid. Cultivó todos los géneros de la profesión periodística y lo hizo en todos los medios, incluidos los digitales, lo que le suponía un esfuerzo notable de adaptación a las exigencias de las nuevas herramientas informáticas. Fue profesor en la Universidad San Pablo CEU y, sobre todo, Maestro, con mayúsculas dentro y fuera del aula y en el más amplio sentido de la palabra.

Tuvo nueve hijos de su matrimonio con la doctora en Medicina María Purificación Porro Villarrubí e inició su andadura profesional en 1960 como redactor del periódico Hoy de Badajoz en el que creó una página semanal sobre Arte y Literatura, equivalente a los suplementos culturales actuales. Su compañero José María Argilés, al que después consideró injustamente olvidado y que se movía como pez en el agua en ámbito cultural, le introdujo en la tertulia de Esperanza Segura Covarsí, “Los sábados de Esperanza”, al poco tiempo de su llegada, lo que facilitó su integración en la vida de la social y cultural de la ciudad. Infatigable en la búsqueda de información, entrevistó por igual a artistas, a personajes ilustres y a los pintorescos, dejando un retrato fiel de lo que era la vida en la capital pacense y su provincia. Algunas de aquellas entrevistas maravillosas las rescató para un libro que terminó poco antes de que las fuerzas le abandonasen del todo y que no llegó a ver publicado.

En 1965 se trasladó a Madrid para incorporarse a 3E (Economía Española y Exterior), primer periódico económico español, creado por José Ramón Aparicio y en cuyo accionariado participaron lo más granado de las finanzas de la época, además del propio Aparicio. Fue también colaborador de Hoja del Lunes, redactor jefe de Nuevo Diario, director de la agencia Central Press y director de la revista Empresa Cooperativa. Dirigió también la colección Dirigentes Obreros, para dar a conocer a los líderes sindicales españoles en los primeros tiempos de la Transición.

TVE y Pueblo de Dios

Durante sus veinte años en Televisión Española participó, como subdirector de informativos, en la cobertura de la agonía y muerte de Franco y le tocó en suerte vetarle una loa a Adolfo Suárez cuya emisión, de haberse producido, habría restringido considerablemente las aspiraciones políticas de éste.

Se incorporó, desde su creación en 1982, al equipo del padre José Luis Martín Descalzo en Pueblo de Dios. Para un humanista de curiosidad insaciable como él, los años como subdirector de este programa estuvieron entre los más gratificantes de su carrera profesional. Monasterios como Yuste, La Trapa, o Madrigal de las Altas Torres (cuna de Isabel la Católica), fueron algunos de los escenarios históricos escogidos y a los que él llegaba en avanzadilla para buscar tomas y planos y entrevistarse con abadesas y priores. Conocer la vida monástica entrando en las clausuras es un privilegio que nos está negado al resto de los mortales y que él supo aprovechar al máximo para defender y dar a conocer el patrimonio artístico, histórico y cultural de la Iglesia. Creo, y no es ninguna exageración en esta hora triste de las alabanzas, que Pueblo de Dios le debe mucho y que su erudición y su criterio profesional y estético para documentar rigurosamente cada uno de estos lugares marcaron su impronta y fueron parte del éxito para que haya sido uno de los programas más longevos de la programación de TVE, con treinta y cuatro años recién cumplidos.

Primera autoridad española en información confidencial

Su tesis doctoral, Fenomenología de los confidenciales como modalidad del periodismo (1994), y las publicaciones posteriores sobre la materia, le convirtieron en la primera autoridad española en información confidencial y marcó el rumbo a otros autores como José Apezarena, quien lo cita profusamente en su libro Periodismo al oído.

Autor de El periodismo en el laberinto y del término periodismo zurupeto

Prologuista y coautor de numerosos libros, en 2013 publicó en solitario El periodismo en el laberinto, una obra erudita y amena, impecablemente documentada y de obligada lectura para quienes aspiren a conocer el mundo de la Información. En ella recoge, aderezada con su propia experiencia y anecdotario, la evolución del periodismo, desde su génesis con las primeras crónicas hasta los retos en la era digital.

Como defensor infatigable de la profesión, acuñó el término “periodismo zurupeto” para denunciar el intrusismo profesional y el mal llamado periodismo ciudadano. Según la RAE, zurupeto es el intruso en la profesión notarial, lo que deja entrever, una vez más, la influencia paterna. Participó activamente en numerosas asociaciones profesionales entre las que cabe destacar la Asociación de Amigos de las Hemerotecas, que presidió, y la Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana (ACPI), de la que también fue presidente desde noviembre de 2013 hasta el 30 de marzo de 2016.

Para Aristarco, seudónimo con el que firmó numerosos artículos, el dinero no fue un fin, sino el medio para sostener a su numerosa prole y cultivar sus inquietudes. El lujo era para él seguir escribiendo y saciar su inquietud intelectual. Su pundonor en lo crematístico era tal, que cuando ganó un concurso por un artículo a los diecinueve años, no cobró el premio porque le dio vergüenza ir a buscar el dinero. Fue inmensamente generoso en lo más importante: tiempo, esfuerzo y sabiduría para compartir con quienes supieron valorarlo. Los años previos a su jubilación y, sobre todo los siguientes, liberado del calendario académico, siguió colaborando con asociaciones profesionales y trabajando con el mismo ahínco para impartir lecciones magistrales a través de decenas de artículos y ensayos escritos gratis et amore sobre temas profesionales y culturales escritos al dictado de su curiosidad inagotable y contagiosa. Estos artículos, sin las limitaciones de espacio que concede internet, son auténticas joyas de erudición y conocimiento que invitan a la reflexión tras una lectura pausada y con el diccionario a mano quienes carecemos de su riqueza léxica.

La muerte, esa gran impertinente, no es el final, Aristarco, sino el peaje inevitable para otra vida mejor. Quedamos tus discípulos y amigos a la espera del reencuentro en ese filandón celestial en el que ya están deleitándose con las historias de tu anecdotario inagotable y la riqueza de tu verbo tus padres y tus hermanos, Miguelín y Diogenines. Allí nos veremos, con tus maestros en el oficio, como González Ruano, a quienes, te repito, y no me ciega la amistad, has superado ampliamente. Dile a San Pedro que nos reserve un buen sitio para escucharte toda la Eternidad, un tiempo quizás insuficiente para verte polemizar con Antonio de Valbuena sobre el uso del lenguaje o con Quintiliano sobre las técnicas de oratoria aplicadas a la televisión. Mientras los ángeles atienden a tus sugerencias sobre la disposición y proporción de las nubes para que la cámara capte las mejores tomas, aquí abajo, huérfanos de tu sabiduría y enseñanzas, nos esforzamos por administrar lo mejor de tu herencia: tu ejemplo y testimonio.

Tengo que terminar porque me va a faltar tiempo para leerte y hacer la milésima parte de lo que has hecho tú en esta vida terrenal. Que Dios te tenga en su gloria, José Manuel González Torga. Periodista, escritor, profesor universitario, editor, ex presidente de la Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana y, sobre todo, un hombre bueno y amigo de tus amigos.

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EL PERIODISMO EN EL LABERINTO

Autor: José Manual González Torga

Por María Jesús Díaz Pérez

El periodismo en el laberinto es un libro que desde su presentación y preliminar plantea la incógnita de la profesión periodística en los tiempos que corren. Como suele ocurrir en momentos de cambio, la adaptación de las herramientas al servicio de la divulgación de las noticias, la necesaria coexistencia de clásicas y nuevas formas de ejercer la profesión periodística ponen de relieve el momento convulso que viven los medios y formas de comunicación.

El autor, Doctor en Ciencias de la Información y con una dilatada carrera profesional y docente, presenta una obra que divide en dos partes bien diferenciadas. La primera de ellas permite al lector recorrer el camino de la historia del periodismo de la mano de sus principales protagonistas, mostrándonos cómo la información circulaba de manera restringida, primero manuscrita y luego impresa, coexistiendo durante el siglo XVI e incluso mucho después. Con la llegada del siglo XIX se impulsa el desarrollo de las tiradas de los diarios, alguno de ellos de 300 ejemplares y con suscriptores en el extranjero, como fue el caso de Correspondencia Autógrafa. La posguerra de la II Guerra Mundial favoreció los órganos de la prensa privada con la eclosión de hojas de clandestinidad, y en los años 60 y 70 coexiste con la gran prensa otra semi-oculta que limita su difusión, y que sirve los intereses más o menos legítimos de reducidos grupos de presión, como fue I F Stone`s Weekly, o a mediados de los 80 el New York Money Market Report, diario, de 60 ejemplares.

Este recorrido histórico, muy prolijo y trufado de información y notas que revelan la extensa documentación que posee el autor, (no en vano ha sido Presidente de la Asociación Española de Hemerografía) finaliza su andadura con la descripción de las oportunidades que ofrece el oficio noticiero en el siglo XX, destacando el radioperiodismo, el cine de actualidades, teleperiodismo, y finalmente el ciberperiodismo o periodismo del nuevo milenio.

La segunda parte del libro se asoma con una frase que pronunció Juan Francisco Torregrosa y que el autor nos destaca: “Hoy, la noticia persigue al periodista y no al revés”.

Entre las actuales ruedas de prensa (con y sin preguntas) y la navegación por “internet” queda escaso margen para averiguaciones, de manera que entre la falta de profesionalidad de lo que se viene a denominar “periodismo ciudadano (webs, blogs), la inanidad de los periódicos gratuitos y la concentración de los medios en macro-empresas, con sus compromisos con los poderes políticos, el margen de la credibilidad se desdibuja.

Así las cosas, merecido tratamiento recibe del autor el periodismo de investigación, que combina el Periodismo en profundidad y una decidida actitud de denuncia mediática. Este periodismo, a su vez, se da de bruces con la realidad de que la búsqueda de la información está auto-limitada, y además, los medios informativos no difunden todo lo que tienen.

Respondiendo a las preguntas qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué, las seis preguntas básicas que el periodista busca responder cuando escribe una nota, el autor estructura esta segunda parte del libro procurando resolver el laberinto en el que se encuentra atrapado el periodismo.

Revelador resulta el hecho de que antes de comenzar a leerlo, después mismo del índice, nos encontremos con la frase que pronunció José Ortega y Gasset y que dice así: “No sabemos lo que nos pasa, y esto es precisamente lo que nos pasa, no saber lo que nos pasa”.

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