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Tag Archive | "Heroínas entre la realidad y la ficción"

HEROÍNAS ENTRE LA REALIDAD Y LA FICCIÓN

libro
Autoras: María Teresa Arias Bautista, María Dolores Pérez Baltasar, Laura Peco González y Delfina Mieville Manni
Edita: Agrupación Ateneista de Estudios sobre la Mujer “Clara Campoamor”. Madrid, 2010
Por Antonio Regalado
La Gran Historia de la Humanidad la han escrito casi siempre los hombres. Todos sabemos que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Y la mayor parte  de las veces, esa mujer es su propia esposa. Son señoras que han movido el mundo apoyando la familia y, a la vez, sustentando el mito del héroe, del rey, del líder. “Heroínas entre la realidad y la ficción”, editado por Maria Tereresa Arias, es un ensayo de 250 páginas por las que desfilan mujeres de carne y hueso y personajes de ficción que han estado en el momento y en el lugar oportunos protagonizando épocas convulsas.
Jimena, la dama de los deberes,  esposa de Rodrigo Díaz de Vivarel Cid Campeador, mito de la unidad de España  y dechado de caballero medieval, es nuestra primera gran dama. El Cantar de Mio Cid construyó una leyenda que históricamente bien puede ser verdad y no haber sucedido. Quiero decir que el Poema, con siete siglos de leyenda, forma parte de nuestro ADN como nación. Y doña Jimena, madre y esposa representa en ese periodo medieval tan convulso la fidelidad, el amor permanente hacia su señor, la religión,  la lealtad en la ausencia y la abnegación. Valores tradicionales de unas cortes en ebullición en lucha constante contra los enemigos interiores y exteriores. Más allá de la realidad histórica, doña Ximena confirma que la mujer del guerrero siempre aceptaba el segundo plano frente al marido guerrero y conquistador. Su sacrificio ante las ausencias continuas del esposo forma  parte de la entrega en cuerpo y alma a la noble causa del servicio que presta como vasallo. Es toda una filosofía de vida que condicionará asimismo las vidas de las hijas. Toda su vida gira en torno a la propia vida del  soldado que lucha por defender, con razón o sin ella, a su rey.
Jimena debió ser como una belleza griega.  “Tenía un cuerpo de palmera, un cuello de cisne, unas manos de lirio. Una nariz perfilada, unos labios de coral y unos ojos inmensos y profundos como lagos en la noche”. Más allá de esta descripción de mujer perfecta y deseable, parece que contenía en demasía todas las virtudes que se enumeran en las Partidas. “La mujer es, para el hombre, tierra que no necesita aparceros”. Una mujer total para un hombre que ha hecho linaje. Los Rodríguez –los hijos de Rodrigo- pueden sentirse orgullosos de tal origen. Doña Jimena abre este libro como ejemplo de gran dama “de todos los deberes”. La realidad y la leyenda confluyen en una mujer que fue fiel a su marido más allá de la muerte del Cid, defendiendo su memoria a costa de su soledad.
Leonor de Guzmán, reinó en el corazón Alfonso XI, rey de Castilla y de León. La abuela de Alfonso fue María de Molina, regente de su nieto y una de las mujeres más singulares de la Historia de España. La actividad de Alfonso XI está presidida por una idea motriz: el fortalecimiento de la monarquía. Es un rey autoritario nacido y criado en las grandes transformaciones de los reinados portugueses y castellanos donde los enemigos llegaban por todas direcciones con batallas interminables. Cuando Alfonso XI conoce a Leonor de Guamán aún estaba casado con María de Portugal, tras rehusar el compromiso de unirse aConstanza Manuel, hija del infante don Juan Manuel.
Los compromisos y los esponsales se rompen aduciendo “que la Iglesia no los quiere”. El camino queda libre para que Leonor se convierta en reina. El cambio de Alfonso XI fue espectacular intentando destacar en todo para satisfacer a su esposa. La reina poseía las 4 cualidades que garantizan la unidad permanente: “linaje, belleza, educación y riqueza”. Leonor dio no uno sino diez hijos al rey. Pero sobre todo, Leonor se transformó en su consejera especial, un poder de mediación entre el monarca y sus súbditos. Aunque Leonor de Guzmán no tuvo un final feliz lo cierto es que ha pasado a la historia como la mujer que más influyó sobre un monarca en tiempos medievales. Y su ejemplo es un espejo para analizar el papel de la mujer en ese tiempo tan oscuro.
 
Maria Isidra Quintina Guzmán, la doctora de Alcalá, fue la primera mujer española que rompió la norma no escrita por la cual la mujer se dedicaba a cuidar de la casa y la familia. La sociedad occidental había relegado durante siglos a la mujer a un papel meramente de “generadora de hijos” y trabajadora permanente en las tareas domésticas. La Iglesia contribuyó en buena parte ello. La educación, salvo excepciones,  le estaba vedada y, por tanto, el acceso y la posición social se perpetuaban en las castas y las clases. Maria Isidra  rompe  esa discriminación secular y tras una lucha tenaz de toda su familia, consigue una autorización  expresa de Carlos III para que, tras lo exámenes correspondientes, fuera nombrada maestra y doctora en Letras por la Universidad de Alcalá de Henares. Nuestra heroína nació en Madrid el 31 de octubre de 1768. Era hija de don Diego de Guzmán y Ladrón de Guevara, marqués de Montealegre y de doña Maria Isidra de la Cerda, condesa de Paredes. En su biblioteca familiar, la joven Isidra siempre tuvo acceso sin límites a todo el patrimonio bibliográfico, algo infrecuente para la época.  Su lectura, sistemática, le proporcionó saberes y conocimientos que deslumbraron a la alta sociedad de su tiempo, cuyos salones frecuentaba junto a sus padres.
Maria Isidra abrió de par en par las puertas y ventanas a la mujer moderna en el ámbito universitario. No fue fácil calmar las reacciones en contra del profesorado masculino que seguían sin admitir la igualdad de oportunidades para la mujer. La tenacidad de esta madrileña permitió que las Academias y las Sociedades Literarias se oxigenasen con la presencia de mujeres muy notables. Entre las voces a favor de la integración del sexo femenino en todas las instituciones se encontraban las de CampomanesJovellanosInés de Joyes y Josefa Amar de Borbón. Se desmontaba el mito de la “incapacidad femenina” para acceder a puestos de responsabilidad por talento, coraje y valentía. Cinco años después de doctorarse por Alcalá, Maria Isidra Quintina contrajo matrimonio con Rafael Alonso de Sousa, marqués de Guadalcázar  y de Hinojares, viviendo el resto de sus días en Córdoba. El matrimonio tuvo cuatro hijos. Murió a una edad temprana, 37 años. Sus restos fueron enterrados en la iglesia de Aguas Santas. En pleno siglo de las luces, la ilustre madrileña fue una luz en la mitad de la noche patriarcal. Hoy, es un referente para la emancipación de la mujer.
Siguiendo cronológicamente el relato del libro que comentamos, en el Madrid del siglo XVIII en tránsito al XIX,  la sociedad aún estaba repleta de pícaros, -herencia del XVI- ,  que ostentaban nombres muy sonoros: haraganes, baldíos, bigardos, vagabundos, sopistas, galloferos, malentretenidos, capigorros, tunos, sobejanos, gandayas, galopines, picaños, perdigones… etc. Una sociedad con problemas de seguridad empeñada, no obstante, en la modernización (agua, alcantarillado, luz, recogida de basuras…). Los tambores de guerra tras la Revolución Francesa se mascan en todo el territorio nacional. La invasión napoleónica inocula un patriotismo exacerbado en todas las clases (excepto en la corte y el ejército) que culminará en la Guerra de la Independencia (1808-1814). En ese ambiento donde GodoyCarlos IV y el Rey felón, Fernando VII protagonizan algunos episodios que hacen enrojecer  al gobierno y a la monarquía, los fusilamientos del 2 y 3 de mayo, inmortalizados por Goya, la historia se alumbra con nombres de mujer: Manuela MalasañaClara del ReyMaría GescoIsabel MontalvoJosefa MéndezCatalina Cano y muchas otras que juraron muerte al invasor francés.  En el imaginario colectivo de la época están grabadas en nuestros corazones, los nombres propios de Agustina de Aragón, -la barcelonesa que defendió Zaragoza-, Casta Alvarez, o Consolación de Azlar  y Villavicencio, condesa de Bureta. Pero la nómina de heroínas no termina aquí. ¿Cómo no admirar la valentía de Juana GalánLa Galana, cuya estatua en Valdepeñas nos recuerda que luchó cuerpo a cuerpo contra el ejército del general Liger-Belair. Fue una guerrillera equivalente a El Empecinado, al cura Merino, a Francisco AbadChaleco Juan Bacas.
Mariana de Pineda – proseguimos la lectura del ensayo- es sinónimo de Libertad. Nació en Granada en 1804 y fue ajusticiada en 1831. Una breve vida, intensa y dramática en lo personal. Viuda y madre a los 18 años, su actividad a favor de  los liberales y constitucionalistas le costó la vida. En el clima de crispación con el fracaso del trienio liberal, aposentados de nuevo sobre la monarquía absolutista de Fernando VII, los guardianes del orden  encuentran en su casa una tela de tafetón morado con una estrella verde en el centro. (Bandera del gran Oriente masón). En ella, Mariana había mandado bordar tres palabras que sentenciaron su muerte: Igualdad, Libertad y Ley.  Encarcelada sin piedad, tras un juicio a puertas cerrada, fue condenada. En el último minuto, la chantajearon prometiéndole salvar la vida si delataba a  sus correligionarios. Se negó. Y mantuvo su entereza hasta el final. Fue ajusticiada a garrote vil, el 26 de mayo de 1831, en el año noveno de la Década Ominosa. Hoy, la entrada principal del Parlamento Europeo, se denomina precisamente Mariana de Pineda, para recordarnos a todos que su hombre y su amor por la libertad no será olvidado jamás. El movimiento feminista español le rinde homenaje cada año como símbolo de resistencia ante la barbarie. Era una mujer frágil que se ha convertido en una heroína nacional.
El libro que comentamos dedica un capítulo con enjundia a descubrir las heroínas literarias del 800. Ana Ozores, de La Regenta donde Leopoldo AlasClarin, integra personajes reales y fabulados con paisajes que trascienden la frontera humana. Se crean las bases de la nueva novela. Clarin recrea un microcosmos mitad realidad mitad ficción donde Ana Ozores es un personaje multidireccional, atrapado en un matrimonio de conveniencias., camino del hastío. Oviedo se reconoce en Vetusta.
Completa este grabado literario con Nora, el personaje que Ibsen inmortalizó en Casa de Muñecas. ¿Qué tiene de real y de imaginaria la Nora de Ibsen? No hay límites cuando las pasiones y la moral se desbocan. ¿No ocurre esto en la vida real? Ciertamente. ¿No es hoy la soledad, pese a la megaconectividad, el mayor problema de nuestro tiempo? Eso ya lo atisbamos en la obra teatral de Ibsen. Nora es la nueva mujer de un tiempo nuevo que nunca acaba de llegar. Nora, al fin y al cabo, es un personaje rebelde que pretende tener vida propia como mujer.
Por último, la profesora Delina Mieville, nos pasea por el cine mostrándonos personajes femeninos llenos de sensualidad.. Mujer es una ecuación que equivale a cuerpo, sexualidad y deseo. Todo junto. El poder sexual de la mujer sostiene la mayor parte de la filmografía denominada “clásica”. Las estrellas, lo son porque su poderosa atracción –fatal a veces- desborda un imaginario colectivo que se extiende por todos los continentes. Si George Clooney o Sean Connery, por poner dos ejemplos, representan un ideal masculino para las mujeres, hacen lo propio excitando a los hombres, actrices actuales como Scarllet Johansson o Nicole Kidman. El séptimo arte es el compendio de grandes cuerpos objetos de deseo que han movido a millones de espectadores a soñar historias que se construyen en la imaginación.
Resumiendo, Heroínas entre la realidad y la ficción responde a una iniciativa colectiva por reivindicar el papel de la mujer. Reivindicarlo en condición de igualdad. Loable empeño. Uno puede preguntarse por qué en esas páginas no estaban personajes notables como Santa Teresa de JesúsIsabel la Católica o Beatriz Galindo. Entendemos que la selección es una de las partes más dolorosas del trabajo. Loable intento de reivindicar el papel de la mujer en este tiempo donde se reclama la paridad a todos los niveles. El libro editado por la doctora María Teresa Arias responde perfectamente a su filosofía: la mujer es un baluarte esencial de nuestra civilización, no secundario.

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