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ANTONIO FERNÁNDEZ HELIODORO

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BIOGRAFÍA DE ANTONIO FERNÁNDEZ HELIODORO

Antonio Fernández Heliodoro nació (28.IV.l938) en San Vicente de Alcántara. Estudió en el Colegio de La Estrella. Realizó los exámenes en el ‘Cardenal Cisneros’, donde conoció a un profesor de Lengua y Literatura, Ernesto Jiménez Caballero, que siempre le premió con un 10. Estudió Magisterio en la ‘Pablo Montesinos’. Adolescente, fue seleccionado para ejercer de profesor en el Colegio del Pilar (Marianistas), donde lo fue durante ocho años. Después, fue jefe de Publicidad y director de Arte de día y estudiante de Filosofía y Letras y Psicología Clínica en la Complutense por la noche. La Publicidad le llevó de la mano a la galaxia Gutenberg, donde conoció las máquinas y su alimento, las tintas, que cambió, ipso facto, por el, hasta entonces, óleo utilizado en sus cuadros; y el papel como soporte sustituyó a los lienzos.

El amor a los libros, además de Jiménez Caballero, se lo infundió Carlos Bendito Mostajo, con el préstamo de libros, innumerables libros prohibidos, en 1952. Por entonces, descubrió la Cuesta de Claudio Moyano, donde inició su biblioteca con libros comprados a cinco pesetas. Fue el comienzo de los 10.000 que tiene ahora. Descubrió ‘Los Nuevos Caprichos de Goya: sus últimos dibujos, no grabados’, pues ya no veía bien para trabajar en las planchas, que fue editado por Editorial Heliodoro. Ayudó a un editor, hoy con obras ejemplares en su fondo, y dirigió las ediciones de otro.

Siguió después con el arte de la pintura, y la escritura, a partir de los papeles con textos ilegibles que encontró perdidos u olvidados, escritos en el Metro durante más de medio siglo.

En 2012, Editorial Manuscritos publica ‘Los Verticales Celestes’. Próximamente, los dos volúmenes que completan la trilogía alquímica: ‘La Puerta Dorada’ y ‘Celinda en el Paraíso de los locos’.

Por encargo, ha terminado desde una perspectiva filosófica, ‘TAROT o El Imaginario Cósmico’.
Como pintor, ha expuesto en Estados Unidos, Italia, Japón y Egipto. Repetidas veces en Madrid, Badajoz, Guadalajara. En La Parra (Badajoz) pintó cientos de cuadros y una Tauromaquia casi con escobas y 35 motivos al grafito con sus correspondientes cuartetas para la famosa leyenda extremeña ‘La flor del alabardero’, que expuso en exclusiva para los lugareños.

MEJOR POESÍA DE ANTONIO FERNÁNDEZ HELIODORO

‘LOS VERTICALES CELESTES’, 2012

…Y yo me iré, y se quedarán los pájaros cantando…
Juan Ramón Jiménez

El yo me iré se adelanta
en la sombra del camino que camino…
Yo miraba y sonreía a la tristeza;
el suceso de la luz, y su apretado tesoro.
Y me encontré en la ribera
del río de la vida.
Y me metí en la corriente,
y me mojé con sus lágrimas.
El ruiseñor, a mi lado,
volteaba sus alas esenciadas
casi queriendo hablar,
cerca del llanto.
Proseguí en la corriente y el camino,
y limpiaron sus lágrimas las mías
como hiciera el rocío con la rosa,
y la estrella y la nube
y el silente relámpago en el dintel del rayo.
El suceso de luz
inundaba la corriente del agua,
y la nostalgia cristalizaba en llanto.
En tanto, el ruiseñor volaba a lo más alto,
al ciprés del silencio,
a la sombra dorada de otro tiempo.
Se atomiza el cristal de las lágrimas,
el tiempo se duerme en la ceniza,
los pájaros sin duelo vuelan,
su vuelo anima a que yo sonría
quizá sin alegría.
El momento es mágico
y su memento llena el maravilloso silencio
con su cántico.

MEJOR POESÍA EN LENGUA ESPAÑOLA, SEGÚN ANTONIO FERNÁNDEZ HELIODORO

“En Poesía, el más alto honor se lo concedo, aunque indigno, a Don Francisco de Quevedo y Villegas, que abominaba de los alquimistas, quizá porque no conoció a los mejores, pero que fue capaz de transmutar el amor en metafísica”, afirma Fernández Heliodoro.

‘AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE’, por Francisco de Quevedo y Villegas

Cerrar podrá mis ojos la postrera

sombra, que me llevara el blanco día;
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjero:

mas no de es otra parte en la ribera
dejará la memoria en donde ardía;
nadar sabe mi llama el agua fría,
y perder el respeto a ley severa;

alma a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejarán, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán , mas polvo enamorado.

 

 

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ALEJANDRO RIERA GUIGNET

NOTA AUTOBIOGRÁFICA
Alejandro Riera Guignet es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Su Tesis Doctoral versó sobre la ideología en la obra de Emilio Carrere y mereció la calificación de “Sobresaliente cum laude”.
A continuación, obtuvo el DALF, máximo título de conocimiento de la lengua francesa que expide el Instituto Francés.
Después, concluyó el Máster en Biblioteconomía y Documentación por la Universidad Complutense y, en su trabajo de investigación de fin de máster, analizó los fondos bibliográficos de la biblioteca del Casino de Madrid.
Ha publicado artículos sobre Carrere y la bohemia madrileña, sobre biblioteconomía y sobre estética literaria en revistas como “Espéculo” (Universidad Complutense), “Barcarola”, “Madrid Histórico”, en “La revista del Casino de Madrid” o en el diario “ABC”.
Como poeta, obtuvo el Premio de Poesía del Círculo de Bellas Artes. Con su primer libro de poemas La escala del reino, fue finalista del premio Marina Romero que otorga la Asociación de Escritores y Artistas Españoles de Madrid.
Actualmente, es el Bibliotecario del Casino de Madrid e imparte clases en la UNED senior de las asignaturas “Teatro y cine: psicología en imágenes” y “Filosofía y pensamiento actual”.

El Conde Arnaldos

¡Quién hubiese tal ventura
sobre las aguas del mar
como hubo el conde Arnaldos
la mañana de San Juan!
Con un falcón en la mano
la caza iba a cazar;
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar.
Las velas traía de seda,
la ejarcia de un cendal;
marinero que la manda
diciendo viene un cantar
que la mar facía en calma,
los vientos hace amainar;
los peces que andan nel hondo,
arriba los hace andar;
las aves que andan volando
nel mástel las faz posar.
Allí fabló el conde Arnaldos,
bien oiréis lo que dirá:
– Por Dios te ruego, marinero,
dígasme ora ese cantar.
Respondióle el marinero,
tal respuesta le fue a dar:
-Yo no digo esta canción
sino a quien conmigo va.

Anónimo
El caballero y la noche

Cuando la luna salía
las puertas abrió, las puertas
-ojos negros, negra noche
para sus mudas espuelas-.

El recinto estaba solo,
solitaria la escalera…
vedlo andar, triste soldado
bajo la luna de cera.

¿Dónde vas sin escudero
por entre muebles y piedras?
¿qué empujan tus manos blancas,
tus manos de miel y arena?

Cuando la luna salía
las puertas abrió, las puertas
-ojos negros, negra noche
para sus mudas espuelas-.

Alejandro Riera Guignet

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MARIANO GAMO SÁNCHEZ

NOTA AUTOBIOGRÁFICA
Mariano Gamo Sánchez nace en Tamajón (Guadalajara) el 02-02-1931. Primogénito de una familia de tres hermanos, su llegada al mundo es recibida con alborozo por su padre, según cuentan los ancianos del lugar: “Ha nacido el presidente de la república”. Lo triste es que esa misma república le dejaría huérfano de padre a los cinco años, tras asesinarle en agosto de 1936. De esa manera, pasa la guerra civil en un clima de sobresalto y luto familiar, debido a la política de terror implantada por las milicias del Frente Popular en la zona republicana.
Terminada la guerra, ingresa en el seminario de Madrid, donde cursa los doce años de la carrera eclesiástica (1941-1953). Su primer destino pastoral es el de párroco de Navas del Rey, localidad, entonces, de mil habitantes en la que se desarrolla un ambicioso programa de animación socio-cultural, dentro de las infinitas posibilidades de que gozaba el clero, especialmente en las zonas rurales, y en el marco del nacionalcatolicismo de la época.
Trasladado a una parroquia de la capital en 1955, es nombrado por el patriarca-obispo de la diócesis capellán provincial del Frente de Juventudes de Madrid, en cuyo desempeño adquiere una sensibilidad política que no le abandonará a lo largo de su trayectoria personal.
Designado en 1964 párroco de Ntra. Sra. De la Montaña, en el barrio de Moratalaz, encuentra allí la “tierra prometida” en la que poner en marcha el proyecto soñado durante años de una “iglesia de pueblo, para el pueblo y desde el pueblo”. Como una declaración pública de este propósito figuraría, con grandes caracteres, en el frontispicio del barracón que hacía de templo, la inscripción de CASA DEL PUEBLO DE DIOS. Si entre semana el barracón ofrecía hospitalidad a las reuniones clandestinas de CC.OO., las misas del domingo se convertían en asamblea cristiana abierta, en la que los asistentes se pronunciaban sobre el tema propuesto, con plena espontaneidad, aunque utilizando a veces un lenguaje críptico debido a la presencia policial. La declaración del estado de excepción en 1969 provoca la detención de Mariano Gamo que, días después, es confinado en el monasterio de El Paular (Rascafría- Madrid). Condenado por el TOP a tres años de prisión, es trasladado a la cárcel concordataria de Zamora, en la que convivirá con una veintena de curas vascos también reclusos, y que abandonará en octubre de 1971 por el llamado indulto Matesa. En fechas posteriores ingresará tres veces más en la cárcel de Carabanchel, por sendas multas gubernativas.
Incorporado de nuevo a su parroquia, tras su salida de Zamora, empieza a trabajar como sanitario en la clínica de la Concepción hasta 1988 en que se traslada como DUE (Ats) al nuevo hospital público “ Severo Ochoa” de Leganés. Aprovechando una baja laboral por enfermedad termina su licenciatura en filología hispánica. Su compromiso político discurre a través de ORT, bajo cuyas siglas figura en las listas de las primeras elecciones de 1977. En esa fecha deja la parroquia para volcarse en la actividad político-sindical emergente, sin abandonar el puesto de trabajo. Desaparecida la ORT ingresa en IU, por cuya organización sale elegido diputado de la Asamblea de Madrid en 1995, en la que actúa de portavoz de su grupo para temas sanitarios, durante su IV legislatura, al término de la cual cesa en su excedencia laboral por cargo público, y se jubila a los 68 años de edad.
A partir de ese momento, y luchando contra la angustia témporis del jubilado, ha publicado dos poemarios ( “ Huellas digitales” y “ Dietario entre sesiones”), que reflejan respectivamente sus vivencias carcelarias y una visión satírica de su etapa parlamentaria. Actualmente, cumplidos ya los ochenta, intenta avanzar en la redacción de sus memorias, así como en la definitiva versión de una novela relacionada con la guerra civil.

POEMA FAVORITO EN LENGUA ESPAÑOLA
“ Una elección de este tipo sólo puede ser fruto del azar de los dados, entre cien, mil o un millón de poemas surgidos de una pluma castellana dignos de la máxima consideración. Para esta ocasión he elegido, por su triple intensidad épica, lírica y dramática, el poema CASTILLA, de Manuel Machado, texto en el que no se sabe qué apreciar más: si el llanto sin gemido de la niña, la grandeza de héroe desterrado o la dureza de una paisaje donde, como en las Hilanderas de Velázquez, se palpa hasta el aire abrasador de la terrible estepa castellana”.
CASTILLA (Manuel Machado)

El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.
El ciego sol, la sed y la fatiga…
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.
Cerrado está el mesón a piedra y lodo.
Nadie responde… Al pomo de la espada
y al cuento de las picas el postigo
va a ceder. ¡Quema el sol, el aire abrasa!
A los terribles golpes,
de eco ronco, una voz pura, de plata
y de cristal, responde… Hay una niña
muy débil y muy blanca
en el umbral. Es toda
ojos azules y en los ojos lágrimas.
Oro pálido nimba
su carita curiosa y asustada.
“Buen Cid, pasad. El rey nos dará muerte,
arruinará la casa
y sembrará de sal el pobre campo
que mi padre trabaja…
Idos. El cielo os colme de venturas…
En nuestro mal, ¡oh, Cid!, no ganáis nada”.
Calla la niña y llora sin gemido…
Un sollozo infantil cruza la escuadra
de feroces guerreros,
y una voz inflexible grita: ¡En marcha!
El ciego sol, la sed y la fatiga…
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.

POEMA PROPIO
“ Me quedo con el romancillo Huellas digitales, perteneciente al poemario del mismo nombre, por su carácter autobiográfico y carcelario.

HUELLAS DIGITALES (Mariano Gamo Sánchez)

“ A mis soledades voy
de mis soledades vengo”

LOPE DE VEGA
I

Adusta mañana
de un loco febrero,
al juzgado voy,
de la cárcel vengo.
La celda rodante
que me lleva dentro
deja indiferentes
a los más atentos.
Sus ocultas rejas,
sus claros letreros
nada a nadie hoy dicen…
Y antes ¿lo dijeron?
Uno añora entonces
compasivos gestos
de tiernas verónicas,
como en otro tiempo
diz que acompañaban
la marcha del preso.
Absurda añoranza
de un ayer incierto.
El aquí y ahora
de este nuestro tiempo
prosa es hoy. Mañana
¿tendrá un verso nuevo?
II

Huellas digitales,
esposas, cacheos,
interrogatorios,
siempre viejos textos.
Asepsia de formas,
no hay malos ni buenos,
“somos un estado
de estricto derecho”.
Preguntan, pregunto;
contestan, contesto.
Sorpresa y su duda:
-¿Es usted gallego?
-Castellano soy,
de tierras adentro,
de entre Duero y Tajo
castellano nuevo,
sin patrioterías,
sin fobias ni celos
de otras latitudes
del solar ibérico.
Su firma, la mía;
su mueca, mi gesto.
Para bien o mal,
ya está todo hecho.
III

Y el mismo camino,
en sentido inverso,
se va haciendo lluvia,
querencia de invierno.
Febrero natal
y ahora carcelero;
a la cárcel voy,
del juzgado vengo.
Cárcel de Carabanchel,
Febrero de 1974

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FRANCISCO MACHADO

BIOGRAFÍA

Francisco nació el 19 de febrero de 1884 en Madrid, siendo el quinto de los seis hermanos Machado, entre los que se encontraban los conocidísimos poetas Antonio y Manuel. Y como ellos, y ya es curioso que coincidan tres en una familia, la mirada poética no le fue ajena en absoluto y le acompañó hasta sus últimos días.

Francisco Machado fue funcionario de prisiones y poeta. Estudió al mismo tiempo Derecho y Filosofía y Letras. Escribía poemas y, a la vez, artículos sobre Derecho y criminología.

Su obra permaneció inédita en su mayor parte y, además de algunos escritos dispersos por revistas y diarios, sólo salió a la luz un libro titulado “Leyendas Toledanas”, del cual se llegó a hacer una segunda edición. Colaboró en publicaciones como Los Lunes del Imparcial, Nuevo Mundo, La Correspondencia de España, El Castellano o Toledo.

Desde joven acudía con frecuencia, junto a sus hermanos, a las tertulias literarias en los cafés de Madrid. Y, prueba de su interés por sus propias creaciones, le enviaba cartas a Miguel de Unamuno y le pedía consejos sobre sus escritos.

En sus últimos años se refugió bastante más en la literatura: reeditó “Leyendas Toledanas”, fue miembro activo de la Agrupación de Escritores Los del 90, de la que había sido fundador con su hermano Manuel; y colaboró con el seminario gráfico Fotos.

Falleció en Madrid el 5 de enero de 1950, a los 64 años de edad.

 

 

 

Soneto que dejó Francisco Machado

para incluir en el proyecto de la publicación de un libro.

 

 

El viejo camina

por la carretera –

cargado de paja

y un saco de piedras –

 

Junto a los tapiales

de una antigua huesa

descarga el anciano

el saco de piedras,

y el costal de paja

cual lecho aprovecha,

tendido en la sombra

que el muro proyecta –

————————-

 

Y al fin para siempre

se durmió en la tierra.

 

 

 

Pensamientos

 

No discutid, conversad

si queréis ganar camino,

en busca de la verdad –

—————————

 

Por mucho que diga el río

mucho más nos dice el mar,

que los ríos dicen … vida –

los mares … eternidad.

—————————-

 

Si quieres saber la historia

de la gente del lugar

ponte al lado de la fuente

y ella tela contará.

—————————-

 

Algún día llegará

exclama la juventud

y el día llega … y se va.

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